Alteraciones de la piel

¿Cuántas veces nos miramos al espejo y no nos reconocemos…? He llorado tantas veces por ello, con desesperación, con rabia, con miedo…


“El hipotiroidismo trastorna severamente la fisiología de la piel y altera su estructura, sus funciones, su modo de comportarse y de reaccionar.

Con el hipotiroidismo  lo que se acumula debajo de la piel y en la propia piel no es agua, sino una sustancia que tiene una composición parecida a la gelatina y que como ella retiene mucha agua. Esa sustancia extraña, que se produce en el hipotiroidismo, es algo parecido al moco o de su misma familia y se llama mucina. Es una mezcla de mucopolisacáridos, ácido hialurónico y condroitín sulfato y no se conoce bien porqué se forma esa sustancia, pero sí se sabe que cuando se hace un tratamiento correcto del hipotiroidismo con hormona tiroidea, esa sustancia desaparece y todo se normaliza y que si se interrumpe el tratamiento esa sustancia vuelve a formarse. Puede tardar algunos meses en desaparecer.

Cuando en el hipotiroidismo hay en la piel un acumulo importante de tejido mucoide, puede alterar la circulación linfática.

Engrosamiento de la piel

La “dermis”, que es la capa más profunda de la piel, está infiltrada de muci­na, y por eso la piel es más gruesa.  Se nota fundamentalmente en las manos, en la palma y en el dorso, en los brazos y se nota mucho en la cara, en los parpados y alrededor de los ojos. Puede ser a veces muy llamativa en la cara anterior de la pierna. Se aprecia una hinchazón, pero si se aprieta con el dedo no se deja comprimir, no deja huella, porque decimos que la mucina tiene una consistencia elástica.

Si la dermis, que es la capa profunda de la piel, la “capa viva”, y desde la que se nutre la epidermis, que es la capa superficial, está mal nutrida porque la sangre llega con dificultad a ella, debido a la infiltración de mucina, la piel pierde su tersura, su brillo, es una piel con poca vitalidad y se descama con facilidad.

Por otra parte, esa mala irrigación de la dermis va a hacer que se pierda el tono rosado habitual de la piel, que se vuelve más pálida y esta palidez, será más marcada si existe, como es habitual en el hipotiroidismo, un cierto grado de anemia, aunque en las personas de tez morena es más difícil de apreciar.

Hay una alteración metabólica en el hipotiroidismo, que afecta también a la coloración de la piel y es la que afecta al metabolismo de unas sustancias llamadas carotenos. Los carotenos son una “provitamina A” y son muy abundantes en la naranja y en la zanahoria, a las que dan su color característico. Cuando falta tiroxina, los carotenos se metabolizan mal y se acumulan en sangre, por este motivo la piel se hace de un color amarillo-pajizo suave, que es muy característico y que está presente en casi todos los casos de hipotiroidismo. Pero no es fácil de apreciar, porque como casi todo en el hipotiroidismo se produce muy poco a poco. Quizá sea difícil para Vd. notar esta variación en el color de su piel, pero si se mira en el espejo puede notar que no tiene buen color. Cuando se mira al espejo se ve extraña, ni era ese su color de tez, ni era esa su cara.”

 

Tengo frío

El frío era un síntoma que tenía olvidado. De hecho, cuando intento recordar la primera vez que entró ese frío extraño en mi cuerpo tengo que remontarme a unos cinco años atrás. En aquella época no sospechaba que existía en mí un hipotiroidismo subclínico, -la enfermedad antes de la enfermedad-; apenas sufría algunos cambios pocos significativos, a los que les atribuía causas tan concretas y equívocas como la comida, el sedentarismo, el estrés del trabajo… Hoy es diferente. No sólo porque los años y las idas y venidas con médicos y dosis me han convertido en un cúmulo de información que me permiten distinguir diferentes tipos de cansancios, de mareos, de hormigueos, de alergias…, incluso de frío.

Este es un frío diferente. ¿Por qué?. Porque viene de pronto sin que haga frío.

Porque sientes como cada rincón de tu cuerpo se interna dentro de una corriente helada. Tan profundamente helada que puedes sentir tus huesos. Pequeños y largos, grandes y cortos, blancos y fríos huesos.

Porque te metes vestida en la cama bajo tres mantas y tiemblas. Tiemblas de frío, de cansancio y de dolor. Porque el dolor está ahí, detrás del frío. Los huesos duelen; las articulaciones duelen; la piel duele. Duele como si la gripe te hubiese alcanzando de pronto. ¿Será en realidad un resfrío? Justo en ese momento, cuando estás a punto de levantarte para tomarte un antigripal, el frío empieza a ceder, y también el dolor. Poco a poco ambos abandonan el cuerpo hasta desaparecer. Sí, desaparecen como si nunca hubiesen estado allí. Entonces te levantas y continúas viviendo.

Sin embargo, hay algo que descubrí en estos días: que este “frío extremo” se presenta sobre todo cuando estoy muy cansada. Cuando no te tenido tiempo de detenerme y descansar aunque sea veinte minutos en algún momento del día. Ahora intento que no sea así, a veces lo consigo. 

“¿Tienes el mismo frío?”