Del hipotiroidismo se sale!

diariohipotiroideaHola, me gustaría contarles cómo está ahora mi hipotiroidismo y de un nuevo cambio en mi vida.

Cuando una noche me senté frente al ordenador y puse en marcha este diario, de esto ya hace algo más de cuatro años, tenía la esperanza de encontrar a alguien que sintiese lo que yo: un dolor en el cuerpo y un decaimiento tan profundos que me quitaban la respiración al punto de obligarme, las pocas veces que abandonaba el sillón de la sala, a sentarme en las aceras a esperar a que se pasara, al menos lo suficiente como para llegar a casa.

Recuerdo cómo corría a la cama cuando me daba la “descompresión de tiroxina” porque sentía que me iba a desmayar… Muchas veces creí que tenía algo muy malo o que me volvía loca, porque no hubo un solo médico que me creyese o me diese alguna explicación sobre lo que me estaba sucediendo.

Hoy, ese dolor y la “descompresión de tiroxina” han desaparecido, se me detiene el corazón con sólo recordarlos. Lo mismo ocurre con un montón de otros síntomas (falta de memoria, agotamiento, hormigueos en la cara, alergias, nauseas, malestar en la garganta y en el cuello, sensación de frío intenso, problemas para dormir, rampas en las piernas, falta de aliento, etc, etc, etc.). Ya no están, poco a poco fueron desapareciendo. Pero… ¿qué queda entonces, si es que queda algo?

Quedan cosas puntuales, incluso en momentos puntuales. Por ejemplo, la alergia de la cara (ahora muy pequeña) va y viene; y el estreñimiento sigue sin resolverse del todo.

Si estoy en contacto con productos químicos algunos de esos síntomas vuelven pero muy atenuados y se suelen ir rápido; lo mismo me pasa si no he dormido bien durante varias noches o he pasado una situación muy estresante.

Pero en septiembre del año pasado algo cambió. Avancé un escalón más.

Buscaba una manera natural de eliminar un pólipo endometrial que me querían operar. Y descubrí que un cambio de alimentación puede hacer milagros. Hoy, no sólo el pólipo casi desapareció, sino que me siento mucho mejor en todos los sentidos. Me deshinché, y perdí 5 kilos. Y lo que más me sorprendió es que he tenido que bajar la dosis de Levotiroxina porque parece ser que lo poco que me queda de tiroides se está activando.

De este nuevo camino os voy a ir contando porque estoy en pleno recorrido. Gracias por estar ahí!

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Cuando los médicos no curan

Recuerdo una película, donde trabajaba William Hurt, titulada: “El doctor”. Se trataba de un médico con un puesto importante dentro de un hospital, con un carácter puramente racional, muy prepotente, al que poco le importaba la sensibilidad del paciente. Un día le diagnostican cáncer de laringe y toda su perspectiva cambia. De pronto, le toca sufrir, en primera persona, todos los avatares  de un enfermo, que no se resume en la enfermedad, como sabemos, sino que encierra el problema de enfrentarse con todo un sistema médico: colas interminables, esperas de turnos que no llegan, cambios de horas, malas explicaciones, estudios innecesarios, contestaciones fuera de tono, etcétera, etcétera, etcétera…

Cada vez que tengo delante mío el mismo o la misma inútil con delantal blanco respondiéndome con ligereza que, en realidad, yo no tengo nada, que debe ser la nostalgia por estar fuera de mi país, o posiblemente algún trastorno psicológico, porque la tiroides no puede dar esos síntomas; y, rápidamente, me extiende una receta de Eutirox  donde puedo ver que ha bajado o subido  mi dosis más del doble, así, sin más; y, con un gesto de estar viendo a una histérica – o sea a mí-, me muestra la puerta de salida… Recuerdo a William Hurt…

Recuerdo a William Hurt cuando me hacen ecografías, electros, pruebas para hepatitis, alergias e infecciones, incluso el SIDA, Lupus, marcadores tumorales… Cuando me deriban al psicólogo y al psiquiatra y me recetan ansióliticos y antidepresivos… Cuando todas las pruebas salen bien y me niego a seguir visitando al psicólogo y tomando las medicaciones psiquiátricas porque no me sirven para nada… En esos momento recuerdo a William Hurt….

No importa dónde -he consultado médicos en Irlanda, España y Argentina-; no importa el sexo ni la edad; a veces creo que la máxima que tanto nos repetía una profesora de anatomía en la Universidad de Medicina -dónde sólo puede asistir dos años- es tan triste como real: “NO EXISTEN MALES MÉDICOS, EXISTEN MALAS PERSONAS”.

Por suerte, hay algunas excepciones…

Cuando te quedas en blanco

Hoy recordaba una clase de alemán, la primera y la última que tomé. Estábamos, mi marido y yo, varados en Buenos Aires cuando decidimos apuntarnos al Goethe Institut, yo por aburrimiento, él porque es un apasionado de los idiomas. Las vacaciones se habían vuelto una pesadilla, una especie de espiral donde sólo veíamos médicos y más médicos, sin ninguna respuesta clara…

Con la cara hinchada por una explosión alérgica -que más tarde resultó ser una de las primeras señales de un hipotiroidismo agudo- y el cuerpo empujado por el poco aliento que tenía llegué a la clase. Me acomodé en un rincón y me presenté. Éramos unos diez alumnos en total. Tomé aliento e intenté escuchar con la mayor atención posible, pero de pronto me di cuenta que las palabras de la profesora se quedaban afuera de mi cabeza. Y lo gracioso es que hablaba en castellano. Escuchaba el sonido pero por alguna razón no podía comprender con exactitud lo que decía. Me empecé a poner nerviosa. Sentía calor, mucho calor en todo el cuerpo. Lo peor vino cuando empezaron las primeras palabras en alemán, sencillas, muy sencillas como para un niño de prescolar. Nos hacía repetir en voz alta lo que había escrito en la pizarra. Para ese momento yo ya no veía muy bien las letras, llegaban a mí lejanas y borrosas. En realidad, percibía  el aula, y todo en ella, de manera extraña. Me sentí agotada y confusa. En ese momento repartió unas hojas de ejercicios para completar en parejas. No pude responder ni una sola de las preguntas. Cada vez que buscaba las palabras en mi mente no estaban, había como un vacío, un completo y profundo vacío. Simplemente no había nada allí. Podía ver el rostro sorprendido de la otra persona esperando una respuesta, al mismo tiempo que sentía mi esfuerzo inútil en buscarla. Sólo le devolvía silencio. Un silencio envuelto en angustia y vergüenza. No entendía porqué me estaba pasando eso.

No pude salir al descanso, estaba agotada. Me quedé sentada y en silencio, con mi marido a mi lado. La profesora se acercó para preguntarme qué estaba pasando. Le dije que estaba enferma pero que no sabía qué tenía.

Esa fue mi primera y última clase de alemán. Lamentablemente, no fue esa la única vez que me quedé en blanco, fueron muchas, demasiadas, al punto tal que tuve que dejar de trabajar. Incluso me di cuenta que había olvidado muchas cosas de mi pasado. Como si nunca hubieran sucedido. Eso lo noté con el tiempo y después de haber encontrado un buen tratamiento, entonces empecé a recuperar la concentración y también parte de mi memoria. Todavía estoy en ese proceso.

Estoy cansada

Estoy cansada. Hace dos semanas que me arrastro. Todo se me hace un mundo, una bola gigante que crece y crece.

Estoy cansada de sentirme. Sí, es eso. Abrir los ojos, mover el cuerpo,  caminar, pensar, trabajar… todo queda lejos, todo es pesado, todo es tra-ba-jo-so. Estoy cansada. Apenas algunos días me parecía que todo iba a ir mejor que ya no estaría  mal. Bastó pensar eso para re-caer. Otra vez. Otra vez estoy cansada y de mal humor. Harta de que esta rueda no termine. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo volveré a mi vida?

Hace ya tres años que me alejé de mi misma, de mis deseos, de mis sueños, de mis esperanzas…

Hace ya tres años que me senté a esperar. Es un camino lento, tan lento y largo. Tiene tantas subidas y bajadas. Tantos atajos erróneos que me llevan a retrocesos eternos.  Es un camino solitario lleno de incomprensión.

Nadie me dice por dónde ir ni qué puedo esperar; sólo oigo palabras vacías que no hacen otra cosa que levantar enormes muros a mí alrededor. Estoy sola adivinando cuál es la mejor salida.

Pido perdón por este desaliento. Espero mañana estar mejor. Hoy estoy cansada.

Aquí otra vez!

Después de un tiempo muy largo de silencio estoy nuevamente aquí.

Los cambios ,voluntarios y no, han sido muchos, entre los que se incluye un nuevo país. Así que otra vez aquí con ganas de contar lo que ha sido este último año, cómo he vivido el hipotiroidismo y cómo me encuentro ahora. Una manera, como siempre he dicho, de acortar la distancia entre lo que se dice y lo que en realidad significa vivir con hipotiroidismo… Un modo de sentirnos menos solas ante síntomas que pocos médicos mencionan o tienen en cuenta.

Un abrazo para todos y todas!

Emma

Buen día Colesterol!

Otra vez 6.6 de colesterol! Otra vez pensar y repensar qué he comido! Otra vez sentirme que estoy al borde de un infarto! Otra vez…

Desde hace casi dos años el colesterol no me da tregua. No importa si hago dieta o no; no importa si camino o simplemente me quede tirada en el sillón como una morsa. No importa! El colesterol sigue su propio ritmo, y eso es lo que más me desespera!

En esta montaña rusa que supone encontrar la dosis precisa, el colesterol baja, sube, sube, baja, pero casi siempre sube, sube, sube…

Hasta ahora sólo me han dicho que es normal, que no me preocupe, que ya se normalizará cuando la tiroides esté totalmente controlada…

Pero, mientras tanto qué?!

Mientras tanto sigo diciendo “Buen día Colesterol”, en un intento absurdo que intentar convivir con él, momentáneamente…

“¿Tienen problemas con el colesterol?”