Tú no eres la enfermedad

Diario de una hipotiroidea

Me viene un recuerdo a mi cabeza… Sentada en la cama frente al espejo, lloraba en silencio, despacio, para que mi marido que estaba en la sala no pudiese oírme.

Vestida con una camiseta azul y el pelo recogido hacia atrás… Observaba con tristeza mis manos, mi panza, las piernas regordetas… las líneas de mi cara…¿Quién era? ¿Quién era esa persona que estaba frente a mí? Intentaba encontrar algo, pequeño, tal vez insignificante detrás de ese cuerpo cansado y dolorido que me recordará a mi misma. Pero no, no había nada. ¿Eso era posible? ¿Hasta los gestos de alegría había perdido?…  

Hubo un momento, que guardo como un tesoro. Esos instantes de tu vida que te empujan a seguir cuando parece que tocas fondo, o a disfrutar aún más cuando todo sonríe.

En una oportunidad, mi esposo me descubrió mientras yo lloraba en silencio… Se acercó, me abrazó, me miró a los ojos y me dijo: “Tú no eres la enfermedad. Qué eso no se te olvide! Yo sé quién eres: eres maravillosa y volverás a recuperarte.”

Esa frase me acompañó mientras me fui recuperando, hasta hoy cuando ya puedo verme al espejo y sonreír. Eso es lo que quiero regalarles!

FELIZ AÑO 2014!!!!

Os quiero!!!

Emma

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El vestido negro

Hoy, después de casi tres años puedo ponerme el vestido negro. Uno largo de lino que guardé una y otra vez con la esperanza que llegaría este momento. Y llegó. Me parece mentira. No sólo logro abrochar su larga hilera de botones sino que incluso puedo moverme y sentarme sin dificultad…

Mientras me miro al espejo, pienso en los últimos meses, difíciles, pero no tan difíciles como los anteriores. Los miedos, los dolores, el cansancio, la tristeza…, estuvieron allí, a veces sólo se asomaban, otras marcaban su presencia sin dudarlo… Por eso describir ese momento con mi vestido negro me parece más que significativo a la hora de  volver a conectarme con este diario. Aún no he bajado los trece kilos ni todos los días me siento bien pero algo cambió. Hoy no sólo me puedo poner mi vestido negro sino que empiezo a reconocerme cuando me miro al espejo.