La respiración y la relajación son claves en el hipotiroidismo

Son muchos los síntomas del hipotiroidismo que con la relajación y la respiración tranquila desaparecen o se alivian. Ejemplo de ello son: las rampas en las piernas, los hormigueos en la cara, la sensación de mareo, los zumbidos en los oídos, la sensación de nerviosismo en todo el cuerpo, y lo que yo llamo la “descompresión de tiroxina” (para mí uno de los peores síntomas porque puede llevar a la pérdida de conocimiento), incluso el dolor articular disminuye.

Hay que tener en cuenta que la ansiedad y el estrés afectan directamente al metabolismo del cuerpo. Y un cuerpo que ha perdido la capacidad natural de regular bien parte de sus hormonas lo sufre aún más. Muchos de ustedes han contado cómo aumentan los síntomas del hipotiroidismo o cómo un hipotiroidismo controlado con una dosis justa se descontrola y obliga a un nuevo ajuste de la dosis, todo ello por haber pasado por una situación traumática (buena o mala) como una mudanza, un viaje, un cambio de trabajo, o el nacimiento de un hijo. Yo misma lo he sentido cada vez que me cambiado de país o en otras situaciones estresantes. Incluso la incertidumbre y el desconocimiento de la misma enfermedad, el ir a tantos médicos que nos miran como histéricas o histéricos nos lleva a aumentar más y más la ansiedad.

Por eso es fundamental antes que nada, entender que el hipotiroidismo afecta a todas y cada una de las células del cuerpo y, como consecuencia de ello, los síntomas pueden ser muchos y complejos. Comprender que, si después de hacer pruebas, los síntomas siguen allí, y los médicos insisten que no tenemos nada, es muy probable que “sólo” se trate de nuestro hipotiroidismo. En este sentido es muy importante conocerse, escucharse y saber cómo y cuándo aparecen los síntomas. Ésto nos ayudará a poner las cosas en su sitio; en otras palabras, a no caer presas o presos de un pánico por temor a tener una enfermedad oculta y grave que nos matará.

Aprender a controlar la ansiedad es entonces algo sustancial para ayudar al metabolismo del cuerpo. Y no es una tarea fácil. Yo he sufrido ataques de pánico y sé perfectamente que no es nada sencillo, pero es importante intentarlo porque ayuda y mucho.

Una técnica muy simple es estando acostados o sentados cómodamente empezamos a dejar “caer” cada uno de los músculos del cuerpo, empezando por la cabeza hasta llegar a los pies. Verán de qué manera “sostenemos ” músculos inútilmente lo cual nos supone un gasto de energía innecesario. Dejémoslos caer, una y otra vez, mientras respiramos profunda y lentamente con el abdomen. No pensemos en nada más que en la respiración y en dejar caer los músculos. A veces resulta difícil “parar” la mente, restar o sumar números en nuestra cabeza ayuda mucho. Por ejemplo: 3 + 26 +5 -14 + 2 ….  Esto es muy sencillo y útil para quienes, como yo, no saben de yoga u otros medios de relajación. El yoga o el taichi son excelentes opciones para cuando nos encontremos con fuerza y con tiempo para empezar.

Dormir, dormir, dormir…

¿Cuántas horas podemos llegar a dormir?… Es tal el cansancio que es mucho más fácil preguntarse: ¿Cuántas horas nos mantenemos despiertas?…

En mis peores momentos, cuando mi tiroides estaba mal tratada y yo me encontraba cada vez más enferma, recuerdo que dormía unas 14 horas mínimo, sólo durante la noche, porque después de comer tenía que volver a la cama, no me sostenía en pie, y mi siesta duraba por lo menos tres horas. Fue una muy mala época, bastaba apoyarme en una pared para que el sueño se apoderase de mí, podía sentir como mis párpados caían pesadamente y el cuerpo se dejaba abandonar volviéndose ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Recuerdo un vez que estaba haciendo la cama cuando me quedé completamente dormida encorvada y con sólo la cabeza apoyada sobre el colchón.

En ese momento apenas sabía algo sobre esta enfermedad y simplemente creí que me estaba volviendo una “gorda ociosa”, una “vaga” como algunos me decían. Atrás quedaba quién había sido por más de treinta años, una persona inquieta, curiosa, divertida y activa, dispuesta siempre a empezar algo nuevo, incluso a tomar un avión sin más equipaje que una maleta y empezar sola una nueva vida en otro continente. Todo lo que yo era había desaparecido.

El proceso de la enfermedad es lento, muy lento, tal vez por eso fui  incorporando esa apatía y ese terrible cansancio como algo propio y no como una circunstancia externa que no había buscado y que en realidad no me definía como persona.

El cansancio es uno de los síntomas más comunes de esta enfermedad. Hay que recordar que todas las células se ven afectadas, entre ellas las musculares.

“En el hipotiroidismo la célula muscular, la fibra muscular trabaja mal. Algo pasa allí, faltan las hormonas tiroideas que son necesarias para el metabolismo de la célula muscular, como son necesarias para las células de todo el organismo. Al músculo le falta algo, no puede tomar normalmente su alimento de la sangre, o no es capaz de asimilarlo, o de utilizarlo. Trabaja mal y es un músculo débil, con una respuesta débil y con una capacidad de recuperación lenta. Es un músculo con una contracción lenta y es un músculo que “se cansa” con muy poco esfuerzo. Es un cansancio anormal, un cansancio patológico. Y eso pasa en la célula muscular y en la fibra muscular y por lo tanto en el músculo en su conjunto en todos los músculos.

Ese es el primer problema, el problema inicial, pero ahora los problemas empiezan a acumularse. Ya hemos comentado anteriormente, que, sin que sepamos bien por qué, en el hipotiroidismo tiende a depositarse esa sustancia mucoide o mixoide, que en la piel constituye el mixedema, infiltrando los haces musculares. Está histológicamente demostrado. Es un músculo infiltrado de algo así como grasa, es un músculo anormal. En esas circunstancias probablemente se dificulta la circulación y el buen riego sanguíneo del músculo a nivel celular. Y si había problemas de nutrición y de oxigenación, esto los complica.” http://www.tiroides.net/cansancio.html