Del hipotiroidismo se sale!

diariohipotiroideaHola, me gustaría contarles cómo está ahora mi hipotiroidismo y de un nuevo cambio en mi vida.

Cuando una noche me senté frente al ordenador y puse en marcha este diario, de esto ya hace algo más de cuatro años, tenía la esperanza de encontrar a alguien que sintiese lo que yo: un dolor en el cuerpo y un decaimiento tan profundos que me quitaban la respiración al punto de obligarme, las pocas veces que abandonaba el sillón de la sala, a sentarme en las aceras a esperar a que se pasara, al menos lo suficiente como para llegar a casa.

Recuerdo cómo corría a la cama cuando me daba la “descompresión de tiroxina” porque sentía que me iba a desmayar… Muchas veces creí que tenía algo muy malo o que me volvía loca, porque no hubo un solo médico que me creyese o me diese alguna explicación sobre lo que me estaba sucediendo.

Hoy, ese dolor y la “descompresión de tiroxina” han desaparecido, se me detiene el corazón con sólo recordarlos. Lo mismo ocurre con un montón de otros síntomas (falta de memoria, agotamiento, hormigueos en la cara, alergias, nauseas, malestar en la garganta y en el cuello, sensación de frío intenso, problemas para dormir, rampas en las piernas, falta de aliento, etc, etc, etc.). Ya no están, poco a poco fueron desapareciendo. Pero… ¿qué queda entonces, si es que queda algo?

Quedan cosas puntuales, incluso en momentos puntuales. Por ejemplo, la alergia de la cara (ahora muy pequeña) va y viene; y el estreñimiento sigue sin resolverse del todo.

Si estoy en contacto con productos químicos algunos de esos síntomas vuelven pero muy atenuados y se suelen ir rápido; lo mismo me pasa si no he dormido bien durante varias noches o he pasado una situación muy estresante.

Pero en septiembre del año pasado algo cambió. Avancé un escalón más.

Buscaba una manera natural de eliminar un pólipo endometrial que me querían operar. Y descubrí que un cambio de alimentación puede hacer milagros. Hoy, no sólo el pólipo casi desapareció, sino que me siento mucho mejor en todos los sentidos. Me deshinché, y perdí 5 kilos. Y lo que más me sorprendió es que he tenido que bajar la dosis de Levotiroxina porque parece ser que lo poco que me queda de tiroides se está activando.

De este nuevo camino os voy a ir contando porque estoy en pleno recorrido. Gracias por estar ahí!

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Tú no eres la enfermedad

Diario de una hipotiroidea

Me viene un recuerdo a mi cabeza… Sentada en la cama frente al espejo, lloraba en silencio, despacio, para que mi marido que estaba en la sala no pudiese oírme.

Vestida con una camiseta azul y el pelo recogido hacia atrás… Observaba con tristeza mis manos, mi panza, las piernas regordetas… las líneas de mi cara…¿Quién era? ¿Quién era esa persona que estaba frente a mí? Intentaba encontrar algo, pequeño, tal vez insignificante detrás de ese cuerpo cansado y dolorido que me recordará a mi misma. Pero no, no había nada. ¿Eso era posible? ¿Hasta los gestos de alegría había perdido?…  

Hubo un momento, que guardo como un tesoro. Esos instantes de tu vida que te empujan a seguir cuando parece que tocas fondo, o a disfrutar aún más cuando todo sonríe.

En una oportunidad, mi esposo me descubrió mientras yo lloraba en silencio… Se acercó, me abrazó, me miró a los ojos y me dijo: “Tú no eres la enfermedad. Qué eso no se te olvide! Yo sé quién eres: eres maravillosa y volverás a recuperarte.”

Esa frase me acompañó mientras me fui recuperando, hasta hoy cuando ya puedo verme al espejo y sonreír. Eso es lo que quiero regalarles!

FELIZ AÑO 2014!!!!

Os quiero!!!

Emma

¿Sexo?… Hoy no, mañana no sé!

“Mi amor… Mi amor…. Mejor no hoy”… “Sí, ya sé que hace bastante que no lo hacemos, pero estoy muy cansada, me duele todo… Mañana, si?”

Con un rostro triste y con la certeza interior que mañana tampoco sería, abrazaba a mi marido quien a los pocos minutos dormía a mi lado.  Yo no podía dormir, aunque el agotamiento me vencía, estaba preocupada… ¿qué me estaba pasando? ¿porque nunca tenía ganas? … A veces me justificaba pensando que la culpa estaba en mi familia, en la manera en que me habían criado: un padre castrador que no aceptaba que su hija creciera y una madre para quien el sexo era un “trabajo”. Pero eso tampoco me convencía porque yo antes no era así. Yo disfrutaba del sexo. Pero… ¿qué había pasado?

De a poco y sin darme cuenta,  había dejado de tener ganas de hacer el amor. No sólo era el malestar físico, los dolores o el cansancio. No. Era algo más. Las ganas se habían ido.

Con mi marido lo hablábamos. Al principio ninguno de los dos pensaba en el hipotiroidismo como causa. Después de todo, ningún médico nos había comentado nada. Preferíamos no pensar y esperar. Recuerdo mis esfuerzos, solo por complacerlo, aunque él se daba cuenta y la frustración en los dos era mayor.

Pasaron meses, incluso me atrevería decir, años. Y así, igual que los kilos, el dormir, la falta de memoria…, llegué a convencerme que  en realidad yo era así: el sexo no era mi fuerte. Era una gordita desganada, dormilona y olvidadiza que además no le gustaba hacer el amor.

Un panorama genial para mi marido!

Después de un año y medio, o más,  de tomar bien la medicación y de ajustar la dosis, mi vida empezó a ser otra. Muy lentamente, como ocurre con todos los síntomas del hipotiroidismo, empecé a desandar el camino: a recuperar mi cuerpo, mis fuerzas, la memoria, y el deseo sexual. Sí, el deseo sexual también!

Una sola cosa tardó en irse en relación al sexo: a veces el  orgasmo me provocaba un “bajón de tiroxina”. Inmediatamente después me sentía mal y tenía que dormir para recuperarme.

Hoy eso desapareció y puedo tener una vida sexual normal! Y un matrimonio feliz que sobrevivió gracias a la comprensión y al paciencia de mi marido!

¿El Kéfir nos hace bien?

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Hace unos meses empecé a tomar Kéfir de agua, ¿no sé si lo conocen? Son esos granulitos de origen milenario que se ponen en agua o en leche y que nos ayudan a sentirnos mejor. Regulan la flora intestinal, levantan las defensas del organismo… y muchos otros etcéteras beneficiosos para la salud.

Pues bien, al principio sólo noté cosas buenas. Me sentía con más energía, los resfriados no se me “pegaban” (ahora estoy viviendo en invierno) y mi mayor alegría fue olvidarme del estreñimiento! Sí, ese uno de las pocas molestias que arrastro del hipotiroidismo (aunque para disculpa de la enfermedad, estoy llevando una vida muy sedentaria…).

Feliz, lavaba a los granulito, los alimentaba, les cambiaba el agua… Hasta que un día, unos dos o tres meses después de consumir diariamente esa agua, empecé a sentirme mal. Volvieron los bajones de tiroides, con dolor de cabeza incluido. Me sentía débil, como si me hubiese pasado una flota camiones por encima, y malestar en el estomago, los labios se me adormecían… Ese malestar que tantas veces he contado…  No podía creerlo, hacia mucho, mucho tiempo que no pasaba por eso. Estuve un sábado tirada en el sillón. Y pensé, y pensé y volví a pensar qué podía ser lo que me estaba provocando eso. Algo había que me afectaba la tiroides. Recuerdo esa tarde repasando mis días, mis hábitos, mis costumbres, mi comida, mi vida de los últimos meses… ¿qué había cambiado? Y lo único que había cambiado era el Kéfir. Había empezado a tomar kéfir.

La verdad es que me resistía en pensar que el kéfir podía estar provocándome aquello. Así que hice una primera prueba: dejé de tomarlo durante dos semanas. ¿El resultado? A los pocos días los síntomas desaparecieron. Volví a ser la de siempre.

Pero no contenta con eso, al mes retomé el kéfir, quería ver qué pasaba… Pensé que tal vez sólo era casualidad… Pero no. Los síntomas volvieron y tuve que abandonarlo por segunda vez y por segunda vez a los pocos días volvía a sentirme bien.

Hoy sigo preparando el kéfir para mi marido, y regalándolo a quién lo necesite. Yo no he vuelto a probarlo

¿y ustedes?

No tenemos la culpa

NO TENEMOS LA CULPA de sufrir hipotiroidismo!

Claro y alto para nosotros y para los otros, muchos de los cuales parecen sordos pero no mudos a la hora de no querer entender lo que nos pasa, pero sí muy dispuestos a decirnos que “No nos liemos tanto la cabeza o que cambiemos de actitud. Que seamos más fuertes y decididos. Que lo que tenemos no es nada, que el médico ya lo dijo, que se mejora sólo con una pastillita”… bla, bla, bla…

Imagina que has tenido un accidente y tienes que permanecer en cama con yeso hasta las orejas esperando a que tus huesos sanen… ¿puede alguien venir a exigirte que te levantes y corras una maratón? ¿Puedes exigírtelo tú mismo?

Cuando el cuerpo duele, y el cansancio pesa no hay ánimos que lo pueda remediar.  Podemos hacer dietas y seguiremos engordando; podemos eliminar las grasas de las comidas y el colesterol seguirá estando allí. El esfuerzo hay que ponerlo en encontrar un buen tratamiento y seguirlo.

Esta es una enfermedad SERIA y GRAVE, si no se trata. Y debemos cuidarnos! Eso sí, sin culpas.

“El hipotiroidismo es una enfermedad tonta”

Sí, eso es exactamente lo que me dijo la endocrino argentina que visité ayer (desde hace unos pocos meses estoy en Buenos Aires). Claro que la frase venía acompañada de unos gestos más contundentes, de esos en que se levantan los hombros, se gira la cabeza de un lado hacia otro y las comisuras de los labios miran hacia abajo en un perfecto: “No tiene ninguna importancia!” Yo la miré con cierta apatía y sin sorprenderme en lo absoluto: “Claro”, dije yo para afuera, y “No tienes idea de lo que estás hablando” para adentro.
Pero la guinda de la torta la puso cuando miró la manera en que yo tomaba la medicación: 125 mg tres veces por semana y 100 el resto. Una dosis que me mantiene la TSH perfecta (1,30) desde hace casi dos años. Un logro extraordinario después de tantos años de sufrimiento… Pero no, esa manera de tomarlo le pareció muy complicado (lo curioso es que no lo toma ella sino yo, y a mí  me parece sencillísimo). Pero como mi opinión no cuenta, cogió el talonario de recetas y me recetó 112 mg por día.  A lo que le siguió una nueva orden de analíticas para ver “cómo me sentaba la nueva dosis”.
Guardé los papelitos en mi bolso con la seguridad de que no volvería a tocarlos, y para rizar el rizo y con cara de tonta le pregunté: “¿Escuché que la fruta es  mejor comerla alejada de la Levotiroxina?”. “Se escucha tantas tonterías por ahí. Sólo tenés que esperar media hora antes te comer algo, y nada más”…
“Sí, es verdad”- le respondí, “se escuchan tantas tonterías por ahí”.

¿Me puedo morir de hipotiroidismo?

Me ha llamado mucho la atención varios comentarios, no uno o dos, sino muchos, en los cuales cuentan que han decidido dejar el tratamiento sin más, a pesar de tener un claro diagnóstico de hipotiroidismo.

Bueno, nunca hay un “sin más”, eso está claro, ese tipo de decisiones se toman por miedo, rabia, rechazo, negación… Uno no quiere estar enfermo “¿Por qué a mí?”… o por muchas otras razones.

Esto nos lleva a una de las características fundamentales de esta enfermedad: su evolución lenta (pero segura). Sin tratamiento pueden pasar varios años sin que uno sufra a plenitud todos o algunos de los síntomas. Apenas percibe que algo está cambiando: estados de ánimo, peso corporal, capacidad de concentración, sequedad del pelo… pequeñas y sutiles señales que al llegar de esta manera gradual muchas veces las registramos como problemas del momento, de la edad, o de nuestra propiedad personalidad. Al principio no sospechamos que se trata de una enfermedad.

Este es el periodo en que muchas personas  abandonan el tratamiento por unos cuantos años o de manera indefinida. Claro, al parecer nada pasa: “Dejé de tomar la medicación y estoy igual”. Pero es una trampa. Poco a poco los síntomas aparecen y se instalan en nuestra vida convirtiéndola en un verdadero infierno. Muchos de nosotros hemos abandonado carreras, estudios y trabajo porque no podíamos seguir adelante.

Y, ahora volvamos al título que puede ser alarmista pero es verdad. Un hipotiroidismo sin tratamiento o con un mal tratamiento puede llevar a la muerte. Tardará años, pero llegará un momento en que alguna parte de nuestro cuerpo no responderá más. Esto es porque es una enfermedad que afecta a todas y cada una de las células.

Por el contrario, con un buen tratamiento se puede vivir con normalidad! Pero esto tampoco sucederá de la noche a la mañana en personas que venimos arrastrando malos cuidados médicos. Cuanto más tardemos en encontrar la dosis más tardaremos en recuperarnos!

En pocas palabras: A CUIDARSE!

Nódulo en la tiroides

Me acosté en la camilla y empecé a sentir como el ecógrafo recorría suavemente mi tiroides. Mientras ocurría eso, yo miraba el techo, ansiosa, casi con los dientes apretados, esperando salir de allí del mismo modo en que entré: sin novedades.

Recordaba que la última vez que me habían hecho el estudio había sido también en Buenos Aires, y de eso ya había pasado algo más de cuatro años. Cuatro años… mi tiroides tuvo tiempo de fabricar lo que quisiera durante todo ese tiempo… No hubo forma en España que entendieran la importancia de una ecografía de tiroides! Nunca me la hicieron. “¿Para qué? Si no es necesario” Me respondían una y otra vez en la Seguridad Social y en las clínicas privadas. Todo se limitaba a una simple palpación

Mientras siento el gel en mi cuello, la médica empuja un poco insistiendo en el mismo lugar. Y sin dejar de mirar la pantalla me dice: “Acá tenés un nódulo“. “¿Un nódulo?!” dije yo.  Sentí como si la camilla hubiera desaparecido y me hubiese desplomado sobre el suelo. “¿Un nódulo?. Y, ¿es muy grande?”, pregunté. “No llega al centímetro”.

Cuando me levanté y mientras me limpiaba el gel con un trozo de papel, sentí que el alma se me había ido del cuerpo. Inmediatamente, y sin rodeos, le pregunté: “¿Puede ser cáncer?”. Me miró con cierta compasión y me dijo que no podía responderme eso, pero que por las características del nódulo no hacia sospechar nada malo. Que hablase con mi endocrino que ella me diría los pasos a seguir. Le agradecí y salí de allí como una zombi.

Afuera estaba esperándome David, mi marido. Lo abracé muy fuerte y empecé a llorar. Era el 25 de abril, día de su cumpleaños y, aunque a mi me encanta celebrar, ese día no pudimos hacerlo.

Un tiempo de “curación”

Necesitaba este tiempo de silencio, el primero y el segundo. He logrado olvidarme de la enfermedad durante meses. Por eso necesitaba distanciarme de todo lo que estuviera relacionado con el hipotiroidismo. Siento haberme ido teniendo cientos de comentarios esperando respuesta, pero sé que entenderán que este silencio, esta distancia también “cura”. A mi me “curó” de muchos tics que te deja la enfermedad, de muchos miedos y neuras que quedan pegados a ti como una cáscara, por eso los crees propios, pero no son tuyos, no forman parte de ti, de lo que eres, de tu identidad, sino de lo que has arrastrado durante años, de lo que has sufrido y sobre todo de un pensamiento que crees verdadero: “Esto no va a cambiar”. Pero CAMBIA, te aseguro que cambia!
Felicidades a todos y a todas!!!!

Se puede seguir adelante!

Hola a todas y a todos! Sí, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí en este blog. La vida me ha llevado por distintos países y ciudades, armando y desarmando casas y la verdad, me fue imposible sentarme con tranquilidad frente al ordenador como hoy.

Son tantos los e-mails y comentarios… Otra vez muchas gracias por tomarse el tiempo para contar vuestra experiencia. Este es el único objetivo: compartir, no quedarnos con los miedos en silencio.

Perdonen que me ponga meláncolica pero hoy recordaba, después de haber leído y contestado a muchos de vosotros, qué me había impulsado a escribir este blog. Eso ya fue hace bastante tiempo… Tenía muchos, muchos síntomas, pero había uno en particular sobre el que nadie, ningún médico, o foro sobre hipotiroidismo me daban respuesta. Ese síntoma, del cual he hablado en varias oportunidades, yo lo llamé “Descompresión de Tiroxina”. Después de mucho preguntar a médicos (de distintos países como Irlanda, España y Argentina) la única respuesta eran más y más estudios entre los que incluían marcadores tumorales. Lo cual, claro, no hacían más que agudizar mi angustia y acrecentar mi sospecha sobre la posibilidad (a mis ojos cada vez más palpable) de tener una enfermedad muy grave. Fueron muchas las noches que sentí en mi cuerpo y en mi alma que el cáncer (del tipo que fuera, sólo bastaba descubrilo) me estaba matando.

Entonces abrí este diario con la intención de encontrar respuestas en la experiencia de otras personas. Jamás olvidaré cuando alguien me comentó que sí, efectivamente, tenía los mismo síntomas de la “Descompresión de Tiroxina”. No estaba sola. No estaba loca, ni me imaginaba cosas y no me estaba muriendo. Empecé a escribir listas sobre mis síntomas para entenderlos, para ver cuándo y cómo aparecían. Escribía y leía, en eso se convirtió mi hipotiroidismo en observar, escribir y leer.

Gracias a vosotros y vosotras por estar ahí. Y gracias a mi marido, quien es la razón de mi vida.

Os invito a seguir contando qué nos pasa con nuestro hipotiroidismo.

Abrazos y besos!!!!

Otra vez en contacto!

Después de un largo año sin palabras, estoy aquí, viva y feliz de volver a reencontrarme con vosotros.

Ya me pondré en marcha y os contaré cómo hemos convivido mi hipotiroidismo y yo durante todos estos meses.

Hoy simplemente quiero pedir disculpas a todos y a todas por haberme ausentado por tan largo tiempo. Las razones fueron muchas, ya les hablaré de ellas, eso sí, quien no ha tenido la culpa ha sido mi salud, que después de muchos años me ha regalado un tregua.

Muchas gracias a los cientos de comentarios que me habéis dejado. Poco a poco los iré respondiendo.

Otra vez aquí! Otra vez juntos, para darnos ánimo y coraje a la hora de vivir con hipotiroidismo!

Abrazos a todos y  a todas!!!

Emma

Otra vez estoy despierta

Voy a ser breve, es tarde… Pero sólo quería decir que estoy contenta. Me he puesto a trabajar y  me han venido miles de ideas a la cabeza, naturalmente, sin forzarme. Me encanta trabajar de noche, con la ventana abierta… el silencio me permite pensar con claridad. Se lo comento a mi marido y él sonriendo me responde: “No es el silencio de la noche, es que estás despierta”. Lo miré y me quedé pensando… Despierta… Es verdad. Y entonces le pregunto: “¿Y cómo era antes?”. “Antes tenías los bajones, estabas cansada, necesitabas estar en la cama. Y sobre todo estabas como embotada. Ahora estás más ágil… Estas despierta”

Me quedo con eso. Y ustedes también, no pierdan la fuerza!

Buenas noches.

Receta para combatir el estreñimiento

Ya hace más de una semana que empecé con cambios en mi dieta. Sí, sinceramente, después de ver la relación del aumento de estrógeno con mis problemas hormonales, que no se limita el hipotiroidismo sino que tengo que sumar, entre otros, un pólipo endometrial (del que me operaron hace unos veinte días), me propuse realidad unos cambios importantes, sí de esos que, a personas como yo, adictas al dulce, parece una cosa imposible de realizar. Pues no, no resulta difícil, lo cual me alegra porque eso supone más y más salud sin sacrificios,

Pues bien, además de sentirme menos hinchada, tener más energía todo el día, y menos hambre, voy de cuerpo cada día… SÍ, CADA DÍA. Para quienes el hipotiroidismo les trajo como compañero (entre muchas otras cosas) el estreñimiento me entenderán. Vuelvo a repetir: CADA DÍA, sencillamente porque hace unos días atrás me parecía impensable vivir sin supositorio.

¿Cómo? Muy fácil. Además de tomar más agua (todavía no he podido superar el litro, la idea es llegar por lo menos al litro y medio); como por lo menos dos o tres frutas al día; dejé completamente el azúcar y toda la bolletería (curiosamente no me ha dado ganas de comer algo dulce, y pensar que mataba por un trozo de chocolote. Lo único que sí pruebo es dulce de membrillo, muy poco, en pan); y cambié la harina blanca, el arroz y los fideos por integrales; agregué un poco de legumbres en la semana y más verduras… Eso sí el secreto básico y más importante es el pan moreno que hace mi marido. Ahí va la receta:

Ingredientes:

500 gramos de harina integral; 4 cucharadas soperas de semillas (girasol, calabaza, lino); 2 cucharadas sopera de germen de trigo; 25 gm de levadura de cerveza; 1 cucharadita de café al ras de sal;  5 cucharadas soperas de aceite de oliva; agua.

Proceso:

Poner en un bol la harina, la sal, las semillas, y el germen de trigo. Luego diluir en un recipiente aparte la levadura en agua tibia. Cuando está disuelta se le añade a la mezcla anterior. Amasar con una cuchara de madera mientras añadimos el agua que necesite hasta formar una masa homogénea. Luego se le añade el aceite y se empieza a amasar con las manos unos dos minutos. Se tiene que amasar con fuerza. Una vez amasado se lo deja en el bol y se lo tapa con un trapo un poco húmedo y ponerlo en un lugar cálido (se puede encender el horno y dejar el bol sobre las hornallas). Esperar 25 minutos. Luego se lo coloca sobre papel para hornear sobre la plancha del horno y se cuece a fuego a 250 grados.

…..

El martes me toca analítica y el día 3 endocrina, voy a ver cómo anda todo y si el cambio de dieta afecto en algo a la TSH, ya veremos…

Hipotiroidismo y el exceso de estrógenos

Me quedé realmente sorprendida al leer un artículo sobre el exceso de estrogeno.

Mi sorpresa fue al verme reflejada en 11 de los 16 puntos marcados en la siguiente lista:

El exceso de estrógenos produce:

  • Síndrome premenstrual
  • Depresión
  • Falta de deseo sexual
  • Desequilibrios de la glucosa
  • Necesidad de comer carbohidratos y dulces
  • Menstruaciones fuertes o irregulares
  • Pechos fibroquísticos
  • Hinchazón de pechos
  • Fibromas
  • Cáncer de pecho
  • Cáncer de endometrio
  • Vaginitis
  • Retención de agua
  • Aumento de peso
  • Hipotiroidismo
  • Osteoporosis

 

¿Qué nos hace BIEN?!

Hoy uno de nuestros compañeros, Carlos, dejó un mensaje con una idea: hacer una lista de las cosas que nos hacen bien, que nos ayudan a mejorar, a recuperarnos, a aliviar nuestros síntomas, en definitiva, a tener una mejor calidad de vida, una realidad que es posible con esta enfermedad.

Pues bien, ahí van las sugerencias de Carlos, las mías, las de ustedes…

Y a seguir completando la lista para ayudarnos entre todos y todas!

LISTA DE LAS COSAS QUE NOS HACEN BIEN:

1) Agua salada (mar)

2) Hípica;

3) Ejercicios de relajación y respiración (así nos recuperamos de los bajones bruscos de tiroxina, y también ayuda en la disminución del zumbido que sentimos en los oídos );

4) Tomar la medicación dos horas antes de desayunar (de esta manera nos aseguramos una completa absorción de la tiroxina);

5) No comer fruta ni cereales durante la mañana (porque limita la correcta absorción de la tiroxina);

6) Dormir bien;

7) Caminar, trotar, nadar…

8 )  Ajo deshidratado (un comprimido a la noche ayuda a los dolores en las articulaciones);

9) Levadura (dos comprimidos al mediodía y a la noche recupera la calidad del pelo y evita su caída);

Hipotiroidismo subclínico

Todos los que sufrimos esta enfermedad sabemos que el hipotiroidismo funciona de acuerdo a un proceso evolutivo. Un proceso que por otra parte tiene estaciones, momentos en que estamos mejor, momentos en estamos peor, momentos que estamos estables… Siempre se me aparece en mi mente la vía de un tren estrecha y larga. Yo me encuentro sentada en un vagón en movimiento, la mayor parte del tiempo, esperando que el tren no entré ni un túnel ni se detenga en lugares inhóspitos, menos que se descarrile, simplemente que avance mientras disfruto del sol que entra por la ventana. ¿Hacia dónde voy? A ningún lugar en particular sino a un estado: sentirme mejor, un poco mejor cada vez.

La primera estación de esta enfermedad se llama Hipotiroidismo Subclínico, y se llama así porque la enfermedad, que sí la notamos en nuestro cuerpo a través de síntomas, en sangre todavía no se evidencia con claridad. Es como un pequeño susurro, a veces apenas perceptible, pero que con el tiempo se convertirá en un grito brutal. Por eso es tan importante empezar a tratarlo en ese momento cuando todavía las células no están tan maltrechas.

 

 

Otra vez de pie!

Ayer me sorprendí al sentir lo erguida que volvía a caminar. Sí, son de esos detalles que uno va olvidando con esta enfermedad que se come la memoria casi sin darnos cuenta.

Era tarde y volvía de comprar en un supermercado bastante lejos de casa. El peso de las bolsas no me molestaba, no tenía la necesidad de ir despacio o de descansar en algún rellano, o al borde de la acera. (Fueron muchas las veces que me sentí obligada a sentarme al borde de la acera porque el agotamiento o el dolor no me dejaban avanzar). Esta vez era diferente, muy diferente. Caminaba de prisa, liviana, no tenía que arrastrar mi cuerpo, ni esforzarme para respirar. Fue en ese momento que me di cuenta que volvía a caminar erguida, como antes, como era yo realmente. Me sentí feliz, muy feliz.

Hasta entonces no me había percatado de la caída de los hombros y de mi posición de todo el cuerpo hacia abajo, cansado, lastimado, haciendo un esfuerzo antinatural para poder caminar. Y pensé: “Dios mío, hasta dónde puede llegar esta enfermedad… Todo lo que cambia en nuestras vidas…” Cambios tan paulatinos que apenas nos damos cuenta, simplemente los incorporamos como algo más.

Hoy volví a caminar erguida como antes. Y estoy feliz.

HUYAN DE LOS MÉDICOS QUE CAMBIAN BRUSCAMENTE LA DOSIS!

Lamentablemente, además de lidiar con la enfermedad nos toca lidiar con los médicos, o mejor dicho con la inoperancia de muchos de ellos. Si algo nos tiene que enseñar el hecho de vernos obligados y obligadas a entrar y salir de las consultas es saber qué nos va bien y qué no. Y si algo me ha enseñado todos estos años de idas y venidas con esta enfermedad es que la dosis se debe modificar de manera suave y paulatina. Lo cual supone decir, de manera categórica NO A LOS CAMBIOS BRUSCOS DE LEVOTIROXINA, aunque eso suponga, por enésima vez, cambiar de profesional.

Recuerdo hace unos meses cuando fui al médico a buscar los resultados de los análisis de control que me hago cada dos meses. (En aquel entonces todavía estábamos ajustando la dosis). Veo que en lugar de mi médico de siempre estaba un sustituto, muy joven. Miró los análisis y me dijo: “Esto no está bien. Hay que bajar todo a 100 mg, y después ya subiremos…”. Ese “después ya subiremos” me sonó como una bomba! (En ese momento yo  tomaba cuatro días a la semana 125 mg, y el resto 100 mg). Lo miré con enojo y con cansancio pero preferí no contestarle porque sabía que era inútil,  simplemente me levanté de allí con una frustración que ya conocía y con la certeza que lo ignoraría. Ese mismo día envíe los resultados de los análisis a mi médica en Irlanda, y fue ella quien me siguió dirigiendo hasta que volvió mi médico español. Total, la dosis se fue bajando lentamente, en ese momento se cambio un solo día de 125 mg a 100 mg, dos meses más tarde se hizo lo mismo, hasta quedar como hoy: dos días a 125 mg, cinco días a 100 mg.

Si le hubiese hecho caso a ese médico (como ya me ha ocurrido en otros), hubiésemos vuelto a empezar. Lo cual supondría alargar el proceso que me permita encontrar la dosis que necesito, y así lograr una verdadera mejoría, todo ésto sumado a un aumento de la cantidad y la intensidad de los síntomas. Esto lo sé porque ya lo he vivido, y no una vez, sino varias.

Insisto, el hipotiroidismo es como un mecanismo de relojería, hay que tratarlo con mucho cuidado. Por eso cuando leo en algunos comentarios que les han subido la dosis de 100 a 150 mg en un mes, incluso en semanas, me duele. Me duele porque sé que de esta manera la luz al final del túnel se aleja. Por favor, si se encuentran con ignorantes e incompetentes (simplemente por tratarlos con educación) a quienes les resulta muy fácil subir y bajar dosis en tiempos record huyan… HUYAN LO MÁS RÁPIDO QUE PUEDAN!

Ayyy, mi querido cuerpo…

Hoy ha sido un día complicado. Podría resumirlo diciendo que hacia bastante tiempo que no me dolía tanto el cuerpo.  Sí, hoy puedo notar casi todas las articulaciones, incluso aquellas  que ni recordaba que existian como las relacionadas con el esternón y las costillas.

Me levanté tarde. No estaba cansada pero tenía esa necesidad de estar calentita en la cama, sin moverme. El día estaba bonito, así que antes de comer decidimos con mi marido ir a caminar. (A modo de paréntesis, debo añadir que estoy intentando caminar cada día, ahora que ya me siento mucho mejor. Porque, además, aunque el colesterol está más bajo, todavía está allí molestando). La cuestión es que nos fuimos a caminar, yo no me sentía cansada sino adolorida, me dolía todo, hasta el pelo. Pero sobre todo  los codos y las rodillas. Además de una suerte de neuralgia en una de las piernas. Le pedí a mi marido que fuéramos despacio porque no me encontraba bien. Así que bueno, fuimos despacio, aprovechando cada banco para sentarme un ratito. De vuelta a casa, dejé todo lo que tenía que hacer para mañana, no tenía fuerzas ni para levantar un papel.

Y aquí estoy,  escribiendo desde la cama.

Mañana será otro día, y seguramente será mejor, no?

Síndrome del túnel carpiano

¿Cuánto tiempo estuve sin poder abrir una botella de rosca? No lo recuerdo bien, posiblemente unos cuatro meses. Sin embargo, éste es uno de los síntomas que parece y desaparece aún hoy, claro, no con la misma intensidad de aquellos meses.

Recuerdo que en un primer momento no entendía qué me estaba pasando, quería abrir una botella de Coca Cola y no podía. No sentía dolor en la muñeca sino la imposibilidad de ejercer cualquier fuerza, ni siquiera la más mínima. Pasaron los días y pude percibir que me costaba mucho sujetar algo con seguridad en las manos. Incluso muchas veces temblaban después de sostener una pequeña cosa, como si hubiese hecho un terrible esfuerzo. A veces el temblor aparecía sin más. Sentía las manos hinchadas pero no las veía así.

Era el hipotiroidismo quien me generaba esta dolencia porque se inflamaba la articulación de las muñecas. Y quienes padecemos esta enfermedad sabemos perfectamente que también se inflaman el resto de las articulaciones del cuerpo generándonos mucho dolor e inestabilidad.

La respiración y la relajación son claves en el hipotiroidismo

Son muchos los síntomas del hipotiroidismo que con la relajación y la respiración tranquila desaparecen o se alivian. Ejemplo de ello son: las rampas en las piernas, los hormigueos en la cara, la sensación de mareo, los zumbidos en los oídos, la sensación de nerviosismo en todo el cuerpo, y lo que yo llamo la “descompresión de tiroxina” (para mí uno de los peores síntomas porque puede llevar a la pérdida de conocimiento), incluso el dolor articular disminuye.

Hay que tener en cuenta que la ansiedad y el estrés afectan directamente al metabolismo del cuerpo. Y un cuerpo que ha perdido la capacidad natural de regular bien parte de sus hormonas lo sufre aún más. Muchos de ustedes han contado cómo aumentan los síntomas del hipotiroidismo o cómo un hipotiroidismo controlado con una dosis justa se descontrola y obliga a un nuevo ajuste de la dosis, todo ello por haber pasado por una situación traumática (buena o mala) como una mudanza, un viaje, un cambio de trabajo, o el nacimiento de un hijo. Yo misma lo he sentido cada vez que me cambiado de país o en otras situaciones estresantes. Incluso la incertidumbre y el desconocimiento de la misma enfermedad, el ir a tantos médicos que nos miran como histéricas o histéricos nos lleva a aumentar más y más la ansiedad.

Por eso es fundamental antes que nada, entender que el hipotiroidismo afecta a todas y cada una de las células del cuerpo y, como consecuencia de ello, los síntomas pueden ser muchos y complejos. Comprender que, si después de hacer pruebas, los síntomas siguen allí, y los médicos insisten que no tenemos nada, es muy probable que “sólo” se trate de nuestro hipotiroidismo. En este sentido es muy importante conocerse, escucharse y saber cómo y cuándo aparecen los síntomas. Ésto nos ayudará a poner las cosas en su sitio; en otras palabras, a no caer presas o presos de un pánico por temor a tener una enfermedad oculta y grave que nos matará.

Aprender a controlar la ansiedad es entonces algo sustancial para ayudar al metabolismo del cuerpo. Y no es una tarea fácil. Yo he sufrido ataques de pánico y sé perfectamente que no es nada sencillo, pero es importante intentarlo porque ayuda y mucho.

Una técnica muy simple es estando acostados o sentados cómodamente empezamos a dejar “caer” cada uno de los músculos del cuerpo, empezando por la cabeza hasta llegar a los pies. Verán de qué manera “sostenemos ” músculos inútilmente lo cual nos supone un gasto de energía innecesario. Dejémoslos caer, una y otra vez, mientras respiramos profunda y lentamente con el abdomen. No pensemos en nada más que en la respiración y en dejar caer los músculos. A veces resulta difícil “parar” la mente, restar o sumar números en nuestra cabeza ayuda mucho. Por ejemplo: 3 + 26 +5 -14 + 2 ….  Esto es muy sencillo y útil para quienes, como yo, no saben de yoga u otros medios de relajación. El yoga o el taichi son excelentes opciones para cuando nos encontremos con fuerza y con tiempo para empezar.

Alergia en la cara

Debajo de los ojos, justo al final de ellos, tengo una pequeña urticaria, una suerte de eczema en forma irregular que aparece y desaparece, se agrada o se achica según mi estado de la tiroides.  Increíble pero cierto.

Para entender ésto tengo que hacer un poco de historia.

Cuando me diagnosticaron hipotiroidismo, me recetaron Eutirox – ahora no recuerdo la primera dosis, pero era muy baja-, y me dijeron que podía tomarlo en cualquier momento del día y que volviese en seis meses.  Así lo hice, sin embargo, fue pasando el tiempo y cada vez me encontraba peor. La única respuesta de la endocrinóloga era subir la dosis cada vez que iba a verla (que siendo la seguridad pública en España, sólo era dos veces al año)… Una verdadera locura…

Después de pasar casi tres años en esta misma situación, viajé a Buenos Aires con mi marido. No me encontraba bien, pero confiaba en estar haciendo lo correcto, después de todo estaba controlada (o eso era lo que yo creía).

La “explosión” ocurrió después de una cena en un restaurante mexicano. A la mañana siguiente amanecí con todo el cuerpo hinchado y lleno de urticaria, pero sobre todo el rostro, estaba tan inflamado y enrojecido que parecía que me iba a estallar. Fiebre, diarrea, dolores musculares, mareos… son algunos de los síntomas que aparecieron con el paso de los días. Fue entonces cuando empezó mi largo peregrinar por consultorios médicos, hasta que dieron con mi analítica de tiroides: la tiroxina era inexistente en mi cuerpo y, al parecer, desde hacia bastante tiempo. Una situación muy complicada y grave si hubiese permanecido así.

¿Avisos? Tuve avisos antes de este episodio, pero les resté importancia. Repito: Yo creía que estaba bien controlada, pero evidentemente no era así. Fue entonces cuando aprendí que es INDISPENSABLE tomar la medicación en ayunas y esperar por lo menos dos horas antes de comer algo. No importa lo que digan algunos endocrinólogos sin conocimiento y sin ética.

Con el paso de las semanas la inflamación del cuerpo bajó, pero no la de la cara, pasaron varios meses hasta que comencé a normalizarme, incluso donde había estado la urticaria roja y escamosa me quedaba una mancha oscura. Sin embargo la rojez nunca llegó a desaparecer del todo, todavía, aún hoy, después de tres años, salen  algunas ronchas, poquitas y pequeñas, debajo de los ojos SÓLO cuando no va muy bien la tiroxina. Curioso o no es otro de esos signos que ponen sobre aviso cuando el hipotiroidismo no está bien regulado. Como con las cejas… pero ese es otro tema.

Dormir, dormir, dormir…

¿Cuántas horas podemos llegar a dormir?… Es tal el cansancio que es mucho más fácil preguntarse: ¿Cuántas horas nos mantenemos despiertas?…

En mis peores momentos, cuando mi tiroides estaba mal tratada y yo me encontraba cada vez más enferma, recuerdo que dormía unas 14 horas mínimo, sólo durante la noche, porque después de comer tenía que volver a la cama, no me sostenía en pie, y mi siesta duraba por lo menos tres horas. Fue una muy mala época, bastaba apoyarme en una pared para que el sueño se apoderase de mí, podía sentir como mis párpados caían pesadamente y el cuerpo se dejaba abandonar volviéndose ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Recuerdo un vez que estaba haciendo la cama cuando me quedé completamente dormida encorvada y con sólo la cabeza apoyada sobre el colchón.

En ese momento apenas sabía algo sobre esta enfermedad y simplemente creí que me estaba volviendo una “gorda ociosa”, una “vaga” como algunos me decían. Atrás quedaba quién había sido por más de treinta años, una persona inquieta, curiosa, divertida y activa, dispuesta siempre a empezar algo nuevo, incluso a tomar un avión sin más equipaje que una maleta y empezar sola una nueva vida en otro continente. Todo lo que yo era había desaparecido.

El proceso de la enfermedad es lento, muy lento, tal vez por eso fui  incorporando esa apatía y ese terrible cansancio como algo propio y no como una circunstancia externa que no había buscado y que en realidad no me definía como persona.

El cansancio es uno de los síntomas más comunes de esta enfermedad. Hay que recordar que todas las células se ven afectadas, entre ellas las musculares.

“En el hipotiroidismo la célula muscular, la fibra muscular trabaja mal. Algo pasa allí, faltan las hormonas tiroideas que son necesarias para el metabolismo de la célula muscular, como son necesarias para las células de todo el organismo. Al músculo le falta algo, no puede tomar normalmente su alimento de la sangre, o no es capaz de asimilarlo, o de utilizarlo. Trabaja mal y es un músculo débil, con una respuesta débil y con una capacidad de recuperación lenta. Es un músculo con una contracción lenta y es un músculo que “se cansa” con muy poco esfuerzo. Es un cansancio anormal, un cansancio patológico. Y eso pasa en la célula muscular y en la fibra muscular y por lo tanto en el músculo en su conjunto en todos los músculos.

Ese es el primer problema, el problema inicial, pero ahora los problemas empiezan a acumularse. Ya hemos comentado anteriormente, que, sin que sepamos bien por qué, en el hipotiroidismo tiende a depositarse esa sustancia mucoide o mixoide, que en la piel constituye el mixedema, infiltrando los haces musculares. Está histológicamente demostrado. Es un músculo infiltrado de algo así como grasa, es un músculo anormal. En esas circunstancias probablemente se dificulta la circulación y el buen riego sanguíneo del músculo a nivel celular. Y si había problemas de nutrición y de oxigenación, esto los complica.” http://www.tiroides.net/cansancio.html


Apatía e insomnio

A veces aparece la apatía, otras el insomio, o simplemente la combinanción de ambas. Yo he padecido muchos meses de nerviosismo y desgano, por momentos pensaba que me subía a una montaña rusa, por otros que me hundía en un pozo.

“Durante las primeras fases de alteración de la función tiroidea, los trastornos emocionales pueden ser poco aparentes. Generalmente también se produce a nivel cerebral un bajo nivel de actividad que es la característica general en el hipotiroidismo. El cuadro puede ser muy variado y no siempre está en relación con el nivel de TSH, es decir, con el grado de hipotiroidismo. Generalmente destaca la sensación de torpeza mental, la pérdida de memoria, el desinterés o la pérdida de interés por las cosas, la sensación de tener el cerebro como “acolchado” y en general el deterioro de todas las funciones sensoriales, psíquicas y motoras. Conforme avanza el proceso, se pierde el interés por todo, todo da igual, baja el rendimiento intelectual y la capacidad de aprendizaje. Notamos que repercute en la actividad intelectual, en la laboral y en las relaciones con los demás, y a ello se une una sensación de ansiedad. Aquí se pueden establecer todos los grados que queramos, pero el paciente nota que no es el mismo que era, que algo va más despacio. A veces, como insistimos, el proceso se desarrolla de una forma muy lenta y en las personas mayores esta situación puede incluso achacarse a la edad. En los casos más avanzados o más evolucionados, se llega a una fase de desinterés absoluto. Lo que más llama la atención a quienes lo rodean es precisamente eso, la apatía, la somnolencia y la lentitud de pensamiento, habla y movimiento, la sensación de ausencia, la falta de afectividad, de respuesta emocional. La voz se hace pastosa y la conversación lenta, le cuesta trabajo elaborar el pensamiento y encontrar las palabras. En un paso más adelante ya son personas que no hacen caso de lo que las rodea, con muy escasa o casi nula actividad motora y que pueden dormir o dormitar, si se las deja, hasta 20 horas diarias. Es la evolución que puede desembocar en el coma hipotiroideo. Manifestaciones neurológicas de Forma Ansiosa. Sin embargo la lentitud, el letargo y la somnolencia, no se presentan en todos los pacientes hipotiroideos. En algunos puede aparecer irritabilidad, inquietud e insomnio. Es una sintomatología que desorienta al médico, que puede pensar en una situación de ansiedad y tratarla con tranquilizantes o ansiolíticos que aun confunde más el cuadro clínico, ya que puede mezclarse ansiedad con cansancio y abatimiento.”

http://www.tiroides.net/depresion.html

¿Has pasado por lo mismo?

Estoy cansada

Estoy cansada. Hace dos semanas que me arrastro. Todo se me hace un mundo, una bola gigante que crece y crece.

Estoy cansada de sentirme. Sí, es eso. Abrir los ojos, mover el cuerpo,  caminar, pensar, trabajar… todo queda lejos, todo es pesado, todo es tra-ba-jo-so. Estoy cansada. Apenas algunos días me parecía que todo iba a ir mejor que ya no estaría  mal. Bastó pensar eso para re-caer. Otra vez. Otra vez estoy cansada y de mal humor. Harta de que esta rueda no termine. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo volveré a mi vida?

Hace ya tres años que me alejé de mi misma, de mis deseos, de mis sueños, de mis esperanzas…

Hace ya tres años que me senté a esperar. Es un camino lento, tan lento y largo. Tiene tantas subidas y bajadas. Tantos atajos erróneos que me llevan a retrocesos eternos.  Es un camino solitario lleno de incomprensión.

Nadie me dice por dónde ir ni qué puedo esperar; sólo oigo palabras vacías que no hacen otra cosa que levantar enormes muros a mí alrededor. Estoy sola adivinando cuál es la mejor salida.

Pido perdón por este desaliento. Espero mañana estar mejor. Hoy estoy cansada.

Dolores musculares

El cuerpo duele y duele mucho. Duele y tiembla.

Es difícil explicar cómo es el dolor que te produce esta enfermedad, me refiero al dolor físico. Es profundo, como una gripe muy, muy fuerte, de esas que te dejan tirada en la cama con 39 grados de fiebre, pero que no se va con una aspirina.

Recuerdo la calle y el dolor. Tantas veces me he tenido que apoyar en una pared o sentarme en cualquier sitio y esperar a que el dolor y el agotamiento me dieran un poco de tregua. Curiosamente o no, ambos van de la mano: el cansancio y el dolor, o al revés, el dolor hace más evidente el cansancio. No lo sé, lo cierto es que aparecen, de repente sin previo aviso.

Una vez iba con mi marido a devolver unas películas al video club que estaba a solo cinco manzanas de casa. Ese día me sentía bastante bien (y eso ya es bastante) así que no vi porqué no ir hasta allí. Devolvimos las películas, elegimos otras. Y cuando atravesamos la puerta del local tuve que decirle a mi marido que por favor parásemos. Me apoyé en unos tubos de metal que había en la acera y dejé de hablar.  Creo que nunca había sentido tanto dolor en mi cuerpo. La respiración se hizo más lenta. Cerré los ojos y me quedé allí, esperando. Poco a poco empecé a sentirme mejor y al rato el dolor ya había desaparecido completamente, como si nunca hubiese existido.

 

Dormir… ¿bien?

Me levanto cansada.

Arrastro el cuerpo y busco rápidamente dónde poder sentarme…, otra vez!  Sí el día de hoy será largo, tanto como la noche…

No recuerdo qué hora era, seguramente entre las 3 y las 4 de la mañana. Sin abandonar las imágenes del sueño empecé a sentirme tensa. La mandíbula y las manos apretadas, la angustia en el pecho.  Primero una leve opresión,  luego una tensión nerviosa que se fue generalizando rápidamente. Aunque intenté respirar y relajarme no podía concentrarme, mis pensamientos se agolpaban en mi mente chocándose unos contra otros, al mismo tiempo que todos mis  músculos se crispaban.

En ese momento me desperté con rampas en las piernas que llegaban hasta la altura de la cintura  y un hormigueo en toda la cara. Intenté estirarme para ver si se me pasaba pero fue inútil. Cada vez me ponía más y más nerviosa. No quería despertar a mi marido que dormía a mi lado así que me levanté y fui al cuarto de baño. Después de lavarme la cara y las muñecas con agua fría empecé a saltar y hacer todo tipo de ejercicios con los brazos y las piernas. No sé exactamente cuánto tiempo estuve allí pero cuando volví a la cama las rampas y el nerviosismo se habían ido. Y muerta de cansancio me volví a dormir.

Ésto me ha pasado muchas veces durante los últimos meses aunque, como todos los otros síntomas, ha ido perdiendo más y más intensidad. Eso sí, lo único que me da alivio es mover el cuerpo, a veces sólo me basta con hacer el movimiento de la bicicleta acostada en la cama. Aunque, claro, a la mañana siguiente no hago más que arrastrar mi humanidad.

¿Habéis pasado por esta experiencia?

Alteraciones de la piel

¿Cuántas veces nos miramos al espejo y no nos reconocemos…? He llorado tantas veces por ello, con desesperación, con rabia, con miedo…


“El hipotiroidismo trastorna severamente la fisiología de la piel y altera su estructura, sus funciones, su modo de comportarse y de reaccionar.

Con el hipotiroidismo  lo que se acumula debajo de la piel y en la propia piel no es agua, sino una sustancia que tiene una composición parecida a la gelatina y que como ella retiene mucha agua. Esa sustancia extraña, que se produce en el hipotiroidismo, es algo parecido al moco o de su misma familia y se llama mucina. Es una mezcla de mucopolisacáridos, ácido hialurónico y condroitín sulfato y no se conoce bien porqué se forma esa sustancia, pero sí se sabe que cuando se hace un tratamiento correcto del hipotiroidismo con hormona tiroidea, esa sustancia desaparece y todo se normaliza y que si se interrumpe el tratamiento esa sustancia vuelve a formarse. Puede tardar algunos meses en desaparecer.

Cuando en el hipotiroidismo hay en la piel un acumulo importante de tejido mucoide, puede alterar la circulación linfática.

Engrosamiento de la piel

La “dermis”, que es la capa más profunda de la piel, está infiltrada de muci­na, y por eso la piel es más gruesa.  Se nota fundamentalmente en las manos, en la palma y en el dorso, en los brazos y se nota mucho en la cara, en los parpados y alrededor de los ojos. Puede ser a veces muy llamativa en la cara anterior de la pierna. Se aprecia una hinchazón, pero si se aprieta con el dedo no se deja comprimir, no deja huella, porque decimos que la mucina tiene una consistencia elástica.

Si la dermis, que es la capa profunda de la piel, la “capa viva”, y desde la que se nutre la epidermis, que es la capa superficial, está mal nutrida porque la sangre llega con dificultad a ella, debido a la infiltración de mucina, la piel pierde su tersura, su brillo, es una piel con poca vitalidad y se descama con facilidad.

Por otra parte, esa mala irrigación de la dermis va a hacer que se pierda el tono rosado habitual de la piel, que se vuelve más pálida y esta palidez, será más marcada si existe, como es habitual en el hipotiroidismo, un cierto grado de anemia, aunque en las personas de tez morena es más difícil de apreciar.

Hay una alteración metabólica en el hipotiroidismo, que afecta también a la coloración de la piel y es la que afecta al metabolismo de unas sustancias llamadas carotenos. Los carotenos son una “provitamina A” y son muy abundantes en la naranja y en la zanahoria, a las que dan su color característico. Cuando falta tiroxina, los carotenos se metabolizan mal y se acumulan en sangre, por este motivo la piel se hace de un color amarillo-pajizo suave, que es muy característico y que está presente en casi todos los casos de hipotiroidismo. Pero no es fácil de apreciar, porque como casi todo en el hipotiroidismo se produce muy poco a poco. Quizá sea difícil para Vd. notar esta variación en el color de su piel, pero si se mira en el espejo puede notar que no tiene buen color. Cuando se mira al espejo se ve extraña, ni era ese su color de tez, ni era esa su cara.”

 

¿Cómo y cuándo tomar la levotiroxina?

Posiblemente el primer post de este blog debería haber sido éste, sin duda por la importancia que tiene tomar correctamente la levotiroxina; y, además, por el duro trajín y las graves consecuencias que he sufrido debido a una mala actuación médica a la hora de definir cómo y cuándo tomarla.

Durante los dos primeros años tomé una dosis muy baja y en cualquier momento del día, así me lo habían prescripto (lo curioso es que la Dra. Irene Rodríguez no fue la última profesional española en sostener que la levotiroxina podía tomarse en cualquier momento del día, un error gravísimo como más tarde pude comprobar).

En esas condiciones era imposible que mejorase, por el contrario cada día que pasaba estaba peor. No sólo el sobrepeso iba en aumento sino otros trastornos más graves: mareos, dolores musculares, cansancio, fatiga… Sin embargo, la gota que colmó el vaso fue una alergia brutal que me afectó todo el cuerpo y me obligó a recorrer un sinnúmero de especialistas. Nada por un lado, nada por el otro. Sólo un detalle: mi hipotiroidismo se había agravado seriamente. Fue en Buenos Aires (estábamos allí por un mes y nos vimos obligados a quedarnos casi ocho meses debido a mi mal estado de salud) donde una médica -que “casualmente” sufría de hipotiroidismo- señaló que el desorden general que estaba padeciendo se debía a que no tomaba bien la medicación. Tan simple y tan complejo como eso. TOMAR BIEN LA MEDICACIÓN. Los consejos que me dio fueron los siguientes: tomar la pastilla en ayunas, esperar por lo menos dos horas hasta desayunar. Durante la mañana evitar comer cereales (incluso pan integral) y frutas. Y, por supuesto, tomar la medicación sin excepción, de acuerdo a la tabla de días indicados por el médico.

El proceso es largo y es lento, muy, muy lento… los marcadores pueden estar bien, sin embargo nos seguimos sintiendo mal porque nuestro cuerpo necesita muchos meses  para re-organizarse. Por ello es fundamental tener en cuenta que cualquier cambio en la medicación, por más insignificante que parezca, nos afectará bien o mal. Y la marcha atrás significará meses de malestar.