Otra vez en contacto!

Después de un largo año sin palabras, estoy aquí, viva y feliz de volver a reencontrarme con vosotros.

Ya me pondré en marcha y os contaré cómo hemos convivido mi hipotiroidismo y yo durante todos estos meses.

Hoy simplemente quiero pedir disculpas a todos y a todas por haberme ausentado por tan largo tiempo. Las razones fueron muchas, ya les hablaré de ellas, eso sí, quien no ha tenido la culpa ha sido mi salud, que después de muchos años me ha regalado un tregua.

Muchas gracias a los cientos de comentarios que me habéis dejado. Poco a poco los iré respondiendo.

Otra vez aquí! Otra vez juntos, para darnos ánimo y coraje a la hora de vivir con hipotiroidismo!

Abrazos a todos y  a todas!!!

Emma

Irlanda, frío y oscuridad

Ayer encontré una nota que escribí el año pasado estando en Irlanda. Al leerla recordé lo mal que estuve, el dolor en el cuerpo, el cansancio y los eternos días sin poder salir de casa… Todo ello sumado a uno de los grandes males de esta enfermedad: la soledad. Una soledad profunda que nace a partir de la incomprensión… No importa lo que sientas o digas, se trata de una “enfermedad benigna”, como me señaló un endocrino español… “Benigna”… Pura contradicción. Si la enfermedad fuera “benigna” no sería eso: enfermedad…

“Me alejé de la ventana, hacia frío. Septiembre en Irlanda, frío y oscuridad. Estoy cansada, muy cansada. La enfermedad me da treguas muy cortas, apenas me ilusiono… y ya, otra vez, el dolor, el cansancio… la tristeza.

Me toca preparar la comida. Todos estos meses han sido casi mi única actividad. Triste, no?. Sí. Triste, sí. Ideas muchas. Hechos muy pocos, casi ninguno. Veremos qué pasa en los próximos días.

Ya es tarde. Cenar, y después a la cama. Tal vez quede tiempo para ver alguna película.

Wicklow, 09 de octubre de 2008″

Tengo frío

El frío era un síntoma que tenía olvidado. De hecho, cuando intento recordar la primera vez que entró ese frío extraño en mi cuerpo tengo que remontarme a unos cinco años atrás. En aquella época no sospechaba que existía en mí un hipotiroidismo subclínico, -la enfermedad antes de la enfermedad-; apenas sufría algunos cambios pocos significativos, a los que les atribuía causas tan concretas y equívocas como la comida, el sedentarismo, el estrés del trabajo… Hoy es diferente. No sólo porque los años y las idas y venidas con médicos y dosis me han convertido en un cúmulo de información que me permiten distinguir diferentes tipos de cansancios, de mareos, de hormigueos, de alergias…, incluso de frío.

Este es un frío diferente. ¿Por qué?. Porque viene de pronto sin que haga frío.

Porque sientes como cada rincón de tu cuerpo se interna dentro de una corriente helada. Tan profundamente helada que puedes sentir tus huesos. Pequeños y largos, grandes y cortos, blancos y fríos huesos.

Porque te metes vestida en la cama bajo tres mantas y tiemblas. Tiemblas de frío, de cansancio y de dolor. Porque el dolor está ahí, detrás del frío. Los huesos duelen; las articulaciones duelen; la piel duele. Duele como si la gripe te hubiese alcanzando de pronto. ¿Será en realidad un resfrío? Justo en ese momento, cuando estás a punto de levantarte para tomarte un antigripal, el frío empieza a ceder, y también el dolor. Poco a poco ambos abandonan el cuerpo hasta desaparecer. Sí, desaparecen como si nunca hubiesen estado allí. Entonces te levantas y continúas viviendo.

Sin embargo, hay algo que descubrí en estos días: que este “frío extremo” se presenta sobre todo cuando estoy muy cansada. Cuando no te tenido tiempo de detenerme y descansar aunque sea veinte minutos en algún momento del día. Ahora intento que no sea así, a veces lo consigo. 

“¿Tienes el mismo frío?”