Dormir… ¿bien?

Me levanto cansada.

Arrastro el cuerpo y busco rápidamente dónde poder sentarme…, otra vez!  Sí el día de hoy será largo, tanto como la noche…

No recuerdo qué hora era, seguramente entre las 3 y las 4 de la mañana. Sin abandonar las imágenes del sueño empecé a sentirme tensa. La mandíbula y las manos apretadas, la angustia en el pecho.  Primero una leve opresión,  luego una tensión nerviosa que se fue generalizando rápidamente. Aunque intenté respirar y relajarme no podía concentrarme, mis pensamientos se agolpaban en mi mente chocándose unos contra otros, al mismo tiempo que todos mis  músculos se crispaban.

En ese momento me desperté con rampas en las piernas que llegaban hasta la altura de la cintura  y un hormigueo en toda la cara. Intenté estirarme para ver si se me pasaba pero fue inútil. Cada vez me ponía más y más nerviosa. No quería despertar a mi marido que dormía a mi lado así que me levanté y fui al cuarto de baño. Después de lavarme la cara y las muñecas con agua fría empecé a saltar y hacer todo tipo de ejercicios con los brazos y las piernas. No sé exactamente cuánto tiempo estuve allí pero cuando volví a la cama las rampas y el nerviosismo se habían ido. Y muerta de cansancio me volví a dormir.

Ésto me ha pasado muchas veces durante los últimos meses aunque, como todos los otros síntomas, ha ido perdiendo más y más intensidad. Eso sí, lo único que me da alivio es mover el cuerpo, a veces sólo me basta con hacer el movimiento de la bicicleta acostada en la cama. Aunque, claro, a la mañana siguiente no hago más que arrastrar mi humanidad.

¿Habéis pasado por esta experiencia?

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Anoche no pude dormir

Hace calor, es verano. Pero eso nada tiene que ver con el hecho que me levantase por lo menos tres veces esta noche. Me despertaba una sensación de nervios en el cuerpo, de tensión en las piernas, pero sobre todo de calor en los brazos y en las manos. Un calor que parecía quemarme… Notaba mis dedos hinchados al cerrar el puño. Sólo sentía alivio al ponerlos bajo el grifo abierto… Mojaba mi cara, mi nuca, mi pecho… Y volvía a la cama en pasos lentos, casi dormida. No pasaba mucho tiempo hasta que el malestar volvía a despertarme y me veía obligada a repetir la operación, una y otra vez.

¿Tienen problemas para dormir?

Otra vez aquí

Después de casi dos semanas de aeropuertos, maletas y cambio de casa me puedo sentar otra vez frente a la pantalla. Así que aquí estoy.

La verdad es que tenía mucho miedo de afrontar nuevamente otro cambio, sobre todo porque no me había sentido muy bien durante las últimas semanas. Pero no, no hubo mayores problemas. Bueno, a excepción del último día cuando me metí en el barco casi con los ojos cerrados, apoyándome en las barandillas y buscando un asiento desesperadamente.

Esa mañana me encontré un poco embotada, de pronto sentí un leve hormigueo y cierto endormecimiento en la boca y en la cara. “Ahora no, por favor…” pensé. No era un buen momento para que tuviese una “descompresión de tiroxina”, sencillamente porque no tendría un lugar donde poder descansar, y además necesitaba hacer unos trámites, mover maletas, bolsos… En fin, traté de no pensar y seguir adelante. Sin embargo, sabía que los síntomas no se detendrán sino que irían a más, así que aproveché cada segundo que tuve para estar sentada sin hablar (y sin que me hablen!). Eso fue mi salvación.

Lo más embarazoso fue camino al puerto. Nos recogió José, un amigo, que venía acompañado por Lucia, a quien conocimos en ese momento. Apenas subimos al auto, con vergüenza y resignación, les dije que intentaría dormir todo el trayecto, más de una hora, porque no me sentía bien. No me preguntaron nada y hablaron en voz baja para no molestarme. No dormí, pero el estar muy quieta y en el semi-sueño me permitió subir a ese barco y llegar a la nueva casa, de lo contrario hubiese tenido que posponer el viaje como me había sugerido mi marido. En fin, ya hablaré con José, sé que lo entenderá.