No tenemos la culpa

NO TENEMOS LA CULPA de sufrir hipotiroidismo!

Claro y alto para nosotros y para los otros, muchos de los cuales parecen sordos pero no mudos a la hora de no querer entender lo que nos pasa, pero sí muy dispuestos a decirnos que “No nos liemos tanto la cabeza o que cambiemos de actitud. Que seamos más fuertes y decididos. Que lo que tenemos no es nada, que el médico ya lo dijo, que se mejora sólo con una pastillita”… bla, bla, bla…

Imagina que has tenido un accidente y tienes que permanecer en cama con yeso hasta las orejas esperando a que tus huesos sanen… ¿puede alguien venir a exigirte que te levantes y corras una maratón? ¿Puedes exigírtelo tú mismo?

Cuando el cuerpo duele, y el cansancio pesa no hay ánimos que lo pueda remediar.  Podemos hacer dietas y seguiremos engordando; podemos eliminar las grasas de las comidas y el colesterol seguirá estando allí. El esfuerzo hay que ponerlo en encontrar un buen tratamiento y seguirlo.

Esta es una enfermedad SERIA y GRAVE, si no se trata. Y debemos cuidarnos! Eso sí, sin culpas.

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Dormir, dormir, dormir…

¿Cuántas horas podemos llegar a dormir?… Es tal el cansancio que es mucho más fácil preguntarse: ¿Cuántas horas nos mantenemos despiertas?…

En mis peores momentos, cuando mi tiroides estaba mal tratada y yo me encontraba cada vez más enferma, recuerdo que dormía unas 14 horas mínimo, sólo durante la noche, porque después de comer tenía que volver a la cama, no me sostenía en pie, y mi siesta duraba por lo menos tres horas. Fue una muy mala época, bastaba apoyarme en una pared para que el sueño se apoderase de mí, podía sentir como mis párpados caían pesadamente y el cuerpo se dejaba abandonar volviéndose ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Recuerdo un vez que estaba haciendo la cama cuando me quedé completamente dormida encorvada y con sólo la cabeza apoyada sobre el colchón.

En ese momento apenas sabía algo sobre esta enfermedad y simplemente creí que me estaba volviendo una “gorda ociosa”, una “vaga” como algunos me decían. Atrás quedaba quién había sido por más de treinta años, una persona inquieta, curiosa, divertida y activa, dispuesta siempre a empezar algo nuevo, incluso a tomar un avión sin más equipaje que una maleta y empezar sola una nueva vida en otro continente. Todo lo que yo era había desaparecido.

El proceso de la enfermedad es lento, muy lento, tal vez por eso fui  incorporando esa apatía y ese terrible cansancio como algo propio y no como una circunstancia externa que no había buscado y que en realidad no me definía como persona.

El cansancio es uno de los síntomas más comunes de esta enfermedad. Hay que recordar que todas las células se ven afectadas, entre ellas las musculares.

“En el hipotiroidismo la célula muscular, la fibra muscular trabaja mal. Algo pasa allí, faltan las hormonas tiroideas que son necesarias para el metabolismo de la célula muscular, como son necesarias para las células de todo el organismo. Al músculo le falta algo, no puede tomar normalmente su alimento de la sangre, o no es capaz de asimilarlo, o de utilizarlo. Trabaja mal y es un músculo débil, con una respuesta débil y con una capacidad de recuperación lenta. Es un músculo con una contracción lenta y es un músculo que “se cansa” con muy poco esfuerzo. Es un cansancio anormal, un cansancio patológico. Y eso pasa en la célula muscular y en la fibra muscular y por lo tanto en el músculo en su conjunto en todos los músculos.

Ese es el primer problema, el problema inicial, pero ahora los problemas empiezan a acumularse. Ya hemos comentado anteriormente, que, sin que sepamos bien por qué, en el hipotiroidismo tiende a depositarse esa sustancia mucoide o mixoide, que en la piel constituye el mixedema, infiltrando los haces musculares. Está histológicamente demostrado. Es un músculo infiltrado de algo así como grasa, es un músculo anormal. En esas circunstancias probablemente se dificulta la circulación y el buen riego sanguíneo del músculo a nivel celular. Y si había problemas de nutrición y de oxigenación, esto los complica.” http://www.tiroides.net/cansancio.html