Ayyy, mi querido cuerpo…

Hoy ha sido un día complicado. Podría resumirlo diciendo que hacia bastante tiempo que no me dolía tanto el cuerpo.  Sí, hoy puedo notar casi todas las articulaciones, incluso aquellas  que ni recordaba que existian como las relacionadas con el esternón y las costillas.

Me levanté tarde. No estaba cansada pero tenía esa necesidad de estar calentita en la cama, sin moverme. El día estaba bonito, así que antes de comer decidimos con mi marido ir a caminar. (A modo de paréntesis, debo añadir que estoy intentando caminar cada día, ahora que ya me siento mucho mejor. Porque, además, aunque el colesterol está más bajo, todavía está allí molestando). La cuestión es que nos fuimos a caminar, yo no me sentía cansada sino adolorida, me dolía todo, hasta el pelo. Pero sobre todo  los codos y las rodillas. Además de una suerte de neuralgia en una de las piernas. Le pedí a mi marido que fuéramos despacio porque no me encontraba bien. Así que bueno, fuimos despacio, aprovechando cada banco para sentarme un ratito. De vuelta a casa, dejé todo lo que tenía que hacer para mañana, no tenía fuerzas ni para levantar un papel.

Y aquí estoy,  escribiendo desde la cama.

Mañana será otro día, y seguramente será mejor, no?

Buen día Colesterol!

Otra vez 6.6 de colesterol! Otra vez pensar y repensar qué he comido! Otra vez sentirme que estoy al borde de un infarto! Otra vez…

Desde hace casi dos años el colesterol no me da tregua. No importa si hago dieta o no; no importa si camino o simplemente me quede tirada en el sillón como una morsa. No importa! El colesterol sigue su propio ritmo, y eso es lo que más me desespera!

En esta montaña rusa que supone encontrar la dosis precisa, el colesterol baja, sube, sube, baja, pero casi siempre sube, sube, sube…

Hasta ahora sólo me han dicho que es normal, que no me preocupe, que ya se normalizará cuando la tiroides esté totalmente controlada…

Pero, mientras tanto qué?!

Mientras tanto sigo diciendo “Buen día Colesterol”, en un intento absurdo que intentar convivir con él, momentáneamente…

“¿Tienen problemas con el colesterol?”

Entre bocado y bocado

Nos sentamos a cenar. Hacia tiempo que teníamos pendiente conocer la casa de Julia y el sábado decidimos ir. Me olvidé del colesterol y disfruté uno de mis platos favoritos, la tortilla española.

Cuando me encontraba obnubilada por un trozo de patata rodeado de cebolla, una amiga de Julia me preguntó: “¿Cómo te encuentras?. Me dijeron que no has estado bien”. “Bueno, la verdad es que no. En estos últimos tiempos el hipotiroidismo me está “matando””, le respondí rápido con la intención de seguir comiendo. La verdad, pensé que la conversación iba a quedar allí, pero no. “¿Hipotiroidismo?. Creo que lo malo es el hipertiroidismo, pero el hipotiroidismo con una pastillita ya está”. En ese momento sentí que mi querido trozo de tortilla había llegado al estómago de un solo salto. Con esa misma velocidad empecé a censurar todos los pensamientos que llegaban a mi boca, ¿Tú tienes hipotiroidismo?¿Qué mierdas sabes de lo que es tener esta enfermedad las 24 horas sabiendo que jamás estarás curada? ¿Una pastillita? ¿Una pastillita?… Otra vez la misma frase, acompañada siempre de ese tono que suena a descreimiento, a exageración…

Apenas la miré. “A veces las cosas no son tan sencillas”.

No me contestó.