El periplo de las analíticas

A veces resulta tan dificil y laborioso encontrar un buen médico que cuando éso sucede llegamos a hacer una y mil cosas para conservarlo.

Eso me sucedió a mí cuando conocí a Susanna, una médica generalista en un pueblecito irlandés. Una mujer joven, de aspecto fragil, que hablaba despacio y pausadamente, mientras intentaba balbucear alguna palabra en español sin mucho éxito.

Para ser sincera, al principio fui yo quién no se la tomó muy en serio. Venía cansada y desconfiada de tantos malos tratamientos anteriores que la escuché con desgano y aún con más desgano cuando me dijo que tenía que verla cada mes. Era tal mi desconfianza y mi falta de ánimo que apenas me vio me dijo que tenía que bajar la dosis y yo le respondí que no, que me estaba sintiendo un poco mejor. Por entonces estaba tomando 150 mg por día.No me dijo nada.

Una semana después volví desesperada a su consulta, los síntomas de hipertiroidismo no me dejaban dormir,  el corazón me iba a mil y estaba tan acelerada que no me soportaba dentro de mi cuerpo. Ese día Susanna me bajó la dosis y empezamos un control mensual de analíticas. De esta manera paulatina fue reduciendo la cantidad de Levotiroxina hasta llegar a la dosis actual: 100 mg cinco veces a la semana, 125 mg los otros dos.

El problema fue cuando a finales de 2008 abandonamos a Irlanda para volver a España. La historia cambio radicalmente. Primero tenía que esperar unos nueve meses antes que la Seguridad Social me diese cita con un endocrino; en la medicina privada, el único que había en la zona se limitó a pesarme mientras me aseguraba que todo esos síntomas que yo tenía no guardaban relación con la tiroides. Así que con este panorama me tenía que arreglar con el médico de cabecera que no podía leer mis estudios hechos en Irlanda porque no sabía nada de inglés. En fin…  Le escribí a Susanna comentándole la situación y quedamos que yo me haría las analíticas en España y se las enviaría por e-mail. Así sucedió durante varios meses. Pedía una orden de análisis en cualquier oportunidad que tenía: ginecólogo, médico de cabecera, dermatólogo… y lo sigo haciendo. Esta es la única posibilidad que dá una Seguridad Pública que sólo permite ver a un endocrino cada seis meses.

Marcadores normales!

Hoy ha vuelto el cansancio, el hormigueo y la pesadez en los ojos. Sí, me cuesta precisar la vista, arrugo los párpados sin darme cuenta, como si de pronto necesitara lentes graduados. Y las nauseas, las dichosas nauseas… Con este bonito cóctel seguí trabajando y luego arreglando la terraza y las plantas que estaban echas un desastre. Hacia tiempo que tenía eso pendiente y no quería abandonarlo simplemente porque la tiroides me decía que parara. Preparé la comida, tendí la ropa. Y luego de almorzar y lavar los platos tuve que acostarme. Por suerte hoy estaba en casa y me lo podía permitir. Así que sin sueño y con desgano me fui a la cama. No dormí. Casi nunca duermo de día. Ya no, antes era un lirón. Recuerdo que una vez me quedé dormida de pie, apoyada sobre la puerta de la sala.

En fin… Todo esto viene como corolario de la charla que tuve con mi médica.

Según los análisis clínicos del último mes los marcadores de la tiroides están normales. Eso fue lo que me dijo.

¿Normales?.Normales. Normales… ¿Qué significa eso?

Según la médica, que “Vamos por buen camino”. Según mi cuerpo, “Nada”, porque todavía no se ha enterado. Según mi experiencia, que todavía es pronto para alegrarse.

¿Pesimista? No, no soy pesimista. ¿Cobarde? Tampoco. Yo diría que “Tristemente precavida”.

Es la segunda vez de lo que va del año que me encuentro en esta situación. A mediados de Enero empecé a recuperar mi cuerpo, mi cara, mi pelo… en pocas semanas adelgacé unos cuatro kilos… Me sentía feliz, confiada. Los “marcadores estaban normales”, hasta que dejaron de estarlo.

El espejismo duró apenas dos semanas; y de 100 pasé a 125 mg de Eutirox. Ahora estoy en 128. Hay que esperar.