Dormir, dormir, dormir…

¿Cuántas horas podemos llegar a dormir?… Es tal el cansancio que es mucho más fácil preguntarse: ¿Cuántas horas nos mantenemos despiertas?…

En mis peores momentos, cuando mi tiroides estaba mal tratada y yo me encontraba cada vez más enferma, recuerdo que dormía unas 14 horas mínimo, sólo durante la noche, porque después de comer tenía que volver a la cama, no me sostenía en pie, y mi siesta duraba por lo menos tres horas. Fue una muy mala época, bastaba apoyarme en una pared para que el sueño se apoderase de mí, podía sentir como mis párpados caían pesadamente y el cuerpo se dejaba abandonar volviéndose ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Recuerdo un vez que estaba haciendo la cama cuando me quedé completamente dormida encorvada y con sólo la cabeza apoyada sobre el colchón.

En ese momento apenas sabía algo sobre esta enfermedad y simplemente creí que me estaba volviendo una “gorda ociosa”, una “vaga” como algunos me decían. Atrás quedaba quién había sido por más de treinta años, una persona inquieta, curiosa, divertida y activa, dispuesta siempre a empezar algo nuevo, incluso a tomar un avión sin más equipaje que una maleta y empezar sola una nueva vida en otro continente. Todo lo que yo era había desaparecido.

El proceso de la enfermedad es lento, muy lento, tal vez por eso fui  incorporando esa apatía y ese terrible cansancio como algo propio y no como una circunstancia externa que no había buscado y que en realidad no me definía como persona.

El cansancio es uno de los síntomas más comunes de esta enfermedad. Hay que recordar que todas las células se ven afectadas, entre ellas las musculares.

“En el hipotiroidismo la célula muscular, la fibra muscular trabaja mal. Algo pasa allí, faltan las hormonas tiroideas que son necesarias para el metabolismo de la célula muscular, como son necesarias para las células de todo el organismo. Al músculo le falta algo, no puede tomar normalmente su alimento de la sangre, o no es capaz de asimilarlo, o de utilizarlo. Trabaja mal y es un músculo débil, con una respuesta débil y con una capacidad de recuperación lenta. Es un músculo con una contracción lenta y es un músculo que “se cansa” con muy poco esfuerzo. Es un cansancio anormal, un cansancio patológico. Y eso pasa en la célula muscular y en la fibra muscular y por lo tanto en el músculo en su conjunto en todos los músculos.

Ese es el primer problema, el problema inicial, pero ahora los problemas empiezan a acumularse. Ya hemos comentado anteriormente, que, sin que sepamos bien por qué, en el hipotiroidismo tiende a depositarse esa sustancia mucoide o mixoide, que en la piel constituye el mixedema, infiltrando los haces musculares. Está histológicamente demostrado. Es un músculo infiltrado de algo así como grasa, es un músculo anormal. En esas circunstancias probablemente se dificulta la circulación y el buen riego sanguíneo del músculo a nivel celular. Y si había problemas de nutrición y de oxigenación, esto los complica.” http://www.tiroides.net/cansancio.html


Anuncios

Dolores musculares

El cuerpo duele y duele mucho. Duele y tiembla.

Es difícil explicar cómo es el dolor que te produce esta enfermedad, me refiero al dolor físico. Es profundo, como una gripe muy, muy fuerte, de esas que te dejan tirada en la cama con 39 grados de fiebre, pero que no se va con una aspirina.

Recuerdo la calle y el dolor. Tantas veces me he tenido que apoyar en una pared o sentarme en cualquier sitio y esperar a que el dolor y el agotamiento me dieran un poco de tregua. Curiosamente o no, ambos van de la mano: el cansancio y el dolor, o al revés, el dolor hace más evidente el cansancio. No lo sé, lo cierto es que aparecen, de repente sin previo aviso.

Una vez iba con mi marido a devolver unas películas al video club que estaba a solo cinco manzanas de casa. Ese día me sentía bastante bien (y eso ya es bastante) así que no vi porqué no ir hasta allí. Devolvimos las películas, elegimos otras. Y cuando atravesamos la puerta del local tuve que decirle a mi marido que por favor parásemos. Me apoyé en unos tubos de metal que había en la acera y dejé de hablar.  Creo que nunca había sentido tanto dolor en mi cuerpo. La respiración se hizo más lenta. Cerré los ojos y me quedé allí, esperando. Poco a poco empecé a sentirme mejor y al rato el dolor ya había desaparecido completamente, como si nunca hubiese existido.