Del hipotiroidismo se sale!

diariohipotiroideaHola, me gustaría contarles cómo está ahora mi hipotiroidismo y de un nuevo cambio en mi vida.

Cuando una noche me senté frente al ordenador y puse en marcha este diario, de esto ya hace algo más de cuatro años, tenía la esperanza de encontrar a alguien que sintiese lo que yo: un dolor en el cuerpo y un decaimiento tan profundos que me quitaban la respiración al punto de obligarme, las pocas veces que abandonaba el sillón de la sala, a sentarme en las aceras a esperar a que se pasara, al menos lo suficiente como para llegar a casa.

Recuerdo cómo corría a la cama cuando me daba la “descompresión de tiroxina” porque sentía que me iba a desmayar… Muchas veces creí que tenía algo muy malo o que me volvía loca, porque no hubo un solo médico que me creyese o me diese alguna explicación sobre lo que me estaba sucediendo.

Hoy, ese dolor y la “descompresión de tiroxina” han desaparecido, se me detiene el corazón con sólo recordarlos. Lo mismo ocurre con un montón de otros síntomas (falta de memoria, agotamiento, hormigueos en la cara, alergias, nauseas, malestar en la garganta y en el cuello, sensación de frío intenso, problemas para dormir, rampas en las piernas, falta de aliento, etc, etc, etc.). Ya no están, poco a poco fueron desapareciendo. Pero… ¿qué queda entonces, si es que queda algo?

Quedan cosas puntuales, incluso en momentos puntuales. Por ejemplo, la alergia de la cara (ahora muy pequeña) va y viene; y el estreñimiento sigue sin resolverse del todo.

Si estoy en contacto con productos químicos algunos de esos síntomas vuelven pero muy atenuados y se suelen ir rápido; lo mismo me pasa si no he dormido bien durante varias noches o he pasado una situación muy estresante.

Pero en septiembre del año pasado algo cambió. Avancé un escalón más.

Buscaba una manera natural de eliminar un pólipo endometrial que me querían operar. Y descubrí que un cambio de alimentación puede hacer milagros. Hoy, no sólo el pólipo casi desapareció, sino que me siento mucho mejor en todos los sentidos. Me deshinché, y perdí 5 kilos. Y lo que más me sorprendió es que he tenido que bajar la dosis de Levotiroxina porque parece ser que lo poco que me queda de tiroides se está activando.

De este nuevo camino os voy a ir contando porque estoy en pleno recorrido. Gracias por estar ahí!

Tú no eres la enfermedad

Diario de una hipotiroidea

Me viene un recuerdo a mi cabeza… Sentada en la cama frente al espejo, lloraba en silencio, despacio, para que mi marido que estaba en la sala no pudiese oírme.

Vestida con una camiseta azul y el pelo recogido hacia atrás… Observaba con tristeza mis manos, mi panza, las piernas regordetas… las líneas de mi cara…¿Quién era? ¿Quién era esa persona que estaba frente a mí? Intentaba encontrar algo, pequeño, tal vez insignificante detrás de ese cuerpo cansado y dolorido que me recordará a mi misma. Pero no, no había nada. ¿Eso era posible? ¿Hasta los gestos de alegría había perdido?…  

Hubo un momento, que guardo como un tesoro. Esos instantes de tu vida que te empujan a seguir cuando parece que tocas fondo, o a disfrutar aún más cuando todo sonríe.

En una oportunidad, mi esposo me descubrió mientras yo lloraba en silencio… Se acercó, me abrazó, me miró a los ojos y me dijo: “Tú no eres la enfermedad. Qué eso no se te olvide! Yo sé quién eres: eres maravillosa y volverás a recuperarte.”

Esa frase me acompañó mientras me fui recuperando, hasta hoy cuando ya puedo verme al espejo y sonreír. Eso es lo que quiero regalarles!

FELIZ AÑO 2014!!!!

Os quiero!!!

Emma

¿Sexo?… Hoy no, mañana no sé!

“Mi amor… Mi amor…. Mejor no hoy”… “Sí, ya sé que hace bastante que no lo hacemos, pero estoy muy cansada, me duele todo… Mañana, si?”

Con un rostro triste y con la certeza interior que mañana tampoco sería, abrazaba a mi marido quien a los pocos minutos dormía a mi lado.  Yo no podía dormir, aunque el agotamiento me vencía, estaba preocupada… ¿qué me estaba pasando? ¿porque nunca tenía ganas? … A veces me justificaba pensando que la culpa estaba en mi familia, en la manera en que me habían criado: un padre castrador que no aceptaba que su hija creciera y una madre para quien el sexo era un “trabajo”. Pero eso tampoco me convencía porque yo antes no era así. Yo disfrutaba del sexo. Pero… ¿qué había pasado?

De a poco y sin darme cuenta,  había dejado de tener ganas de hacer el amor. No sólo era el malestar físico, los dolores o el cansancio. No. Era algo más. Las ganas se habían ido.

Con mi marido lo hablábamos. Al principio ninguno de los dos pensaba en el hipotiroidismo como causa. Después de todo, ningún médico nos había comentado nada. Preferíamos no pensar y esperar. Recuerdo mis esfuerzos, solo por complacerlo, aunque él se daba cuenta y la frustración en los dos era mayor.

Pasaron meses, incluso me atrevería decir, años. Y así, igual que los kilos, el dormir, la falta de memoria…, llegué a convencerme que  en realidad yo era así: el sexo no era mi fuerte. Era una gordita desganada, dormilona y olvidadiza que además no le gustaba hacer el amor.

Un panorama genial para mi marido!

Después de un año y medio, o más,  de tomar bien la medicación y de ajustar la dosis, mi vida empezó a ser otra. Muy lentamente, como ocurre con todos los síntomas del hipotiroidismo, empecé a desandar el camino: a recuperar mi cuerpo, mis fuerzas, la memoria, y el deseo sexual. Sí, el deseo sexual también!

Una sola cosa tardó en irse en relación al sexo: a veces el  orgasmo me provocaba un “bajón de tiroxina”. Inmediatamente después me sentía mal y tenía que dormir para recuperarme.

Hoy eso desapareció y puedo tener una vida sexual normal! Y un matrimonio feliz que sobrevivió gracias a la comprensión y al paciencia de mi marido!

¿El Kéfir nos hace bien?

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Hace unos meses empecé a tomar Kéfir de agua, ¿no sé si lo conocen? Son esos granulitos de origen milenario que se ponen en agua o en leche y que nos ayudan a sentirnos mejor. Regulan la flora intestinal, levantan las defensas del organismo… y muchos otros etcéteras beneficiosos para la salud.

Pues bien, al principio sólo noté cosas buenas. Me sentía con más energía, los resfriados no se me “pegaban” (ahora estoy viviendo en invierno) y mi mayor alegría fue olvidarme del estreñimiento! Sí, ese uno de las pocas molestias que arrastro del hipotiroidismo (aunque para disculpa de la enfermedad, estoy llevando una vida muy sedentaria…).

Feliz, lavaba a los granulito, los alimentaba, les cambiaba el agua… Hasta que un día, unos dos o tres meses después de consumir diariamente esa agua, empecé a sentirme mal. Volvieron los bajones de tiroides, con dolor de cabeza incluido. Me sentía débil, como si me hubiese pasado una flota camiones por encima, y malestar en el estomago, los labios se me adormecían… Ese malestar que tantas veces he contado…  No podía creerlo, hacia mucho, mucho tiempo que no pasaba por eso. Estuve un sábado tirada en el sillón. Y pensé, y pensé y volví a pensar qué podía ser lo que me estaba provocando eso. Algo había que me afectaba la tiroides. Recuerdo esa tarde repasando mis días, mis hábitos, mis costumbres, mi comida, mi vida de los últimos meses… ¿qué había cambiado? Y lo único que había cambiado era el Kéfir. Había empezado a tomar kéfir.

La verdad es que me resistía en pensar que el kéfir podía estar provocándome aquello. Así que hice una primera prueba: dejé de tomarlo durante dos semanas. ¿El resultado? A los pocos días los síntomas desaparecieron. Volví a ser la de siempre.

Pero no contenta con eso, al mes retomé el kéfir, quería ver qué pasaba… Pensé que tal vez sólo era casualidad… Pero no. Los síntomas volvieron y tuve que abandonarlo por segunda vez y por segunda vez a los pocos días volvía a sentirme bien.

Hoy sigo preparando el kéfir para mi marido, y regalándolo a quién lo necesite. Yo no he vuelto a probarlo

¿y ustedes?

No tenemos la culpa

NO TENEMOS LA CULPA de sufrir hipotiroidismo!

Claro y alto para nosotros y para los otros, muchos de los cuales parecen sordos pero no mudos a la hora de no querer entender lo que nos pasa, pero sí muy dispuestos a decirnos que “No nos liemos tanto la cabeza o que cambiemos de actitud. Que seamos más fuertes y decididos. Que lo que tenemos no es nada, que el médico ya lo dijo, que se mejora sólo con una pastillita”… bla, bla, bla…

Imagina que has tenido un accidente y tienes que permanecer en cama con yeso hasta las orejas esperando a que tus huesos sanen… ¿puede alguien venir a exigirte que te levantes y corras una maratón? ¿Puedes exigírtelo tú mismo?

Cuando el cuerpo duele, y el cansancio pesa no hay ánimos que lo pueda remediar.  Podemos hacer dietas y seguiremos engordando; podemos eliminar las grasas de las comidas y el colesterol seguirá estando allí. El esfuerzo hay que ponerlo en encontrar un buen tratamiento y seguirlo.

Esta es una enfermedad SERIA y GRAVE, si no se trata. Y debemos cuidarnos! Eso sí, sin culpas.

“El hipotiroidismo es una enfermedad tonta”

Sí, eso es exactamente lo que me dijo la endocrino argentina que visité ayer (desde hace unos pocos meses estoy en Buenos Aires). Claro que la frase venía acompañada de unos gestos más contundentes, de esos en que se levantan los hombros, se gira la cabeza de un lado hacia otro y las comisuras de los labios miran hacia abajo en un perfecto: “No tiene ninguna importancia!” Yo la miré con cierta apatía y sin sorprenderme en lo absoluto: “Claro”, dije yo para afuera, y “No tienes idea de lo que estás hablando” para adentro.
Pero la guinda de la torta la puso cuando miró la manera en que yo tomaba la medicación: 125 mg tres veces por semana y 100 el resto. Una dosis que me mantiene la TSH perfecta (1,30) desde hace casi dos años. Un logro extraordinario después de tantos años de sufrimiento… Pero no, esa manera de tomarlo le pareció muy complicado (lo curioso es que no lo toma ella sino yo, y a mí  me parece sencillísimo). Pero como mi opinión no cuenta, cogió el talonario de recetas y me recetó 112 mg por día.  A lo que le siguió una nueva orden de analíticas para ver “cómo me sentaba la nueva dosis”.
Guardé los papelitos en mi bolso con la seguridad de que no volvería a tocarlos, y para rizar el rizo y con cara de tonta le pregunté: “¿Escuché que la fruta es  mejor comerla alejada de la Levotiroxina?”. “Se escucha tantas tonterías por ahí. Sólo tenés que esperar media hora antes te comer algo, y nada más”…
“Sí, es verdad”- le respondí, “se escuchan tantas tonterías por ahí”.

¿Me puedo morir de hipotiroidismo?

Me ha llamado mucho la atención varios comentarios, no uno o dos, sino muchos, en los cuales cuentan que han decidido dejar el tratamiento sin más, a pesar de tener un claro diagnóstico de hipotiroidismo.

Bueno, nunca hay un “sin más”, eso está claro, ese tipo de decisiones se toman por miedo, rabia, rechazo, negación… Uno no quiere estar enfermo “¿Por qué a mí?”… o por muchas otras razones.

Esto nos lleva a una de las características fundamentales de esta enfermedad: su evolución lenta (pero segura). Sin tratamiento pueden pasar varios años sin que uno sufra a plenitud todos o algunos de los síntomas. Apenas percibe que algo está cambiando: estados de ánimo, peso corporal, capacidad de concentración, sequedad del pelo… pequeñas y sutiles señales que al llegar de esta manera gradual muchas veces las registramos como problemas del momento, de la edad, o de nuestra propiedad personalidad. Al principio no sospechamos que se trata de una enfermedad.

Este es el periodo en que muchas personas  abandonan el tratamiento por unos cuantos años o de manera indefinida. Claro, al parecer nada pasa: “Dejé de tomar la medicación y estoy igual”. Pero es una trampa. Poco a poco los síntomas aparecen y se instalan en nuestra vida convirtiéndola en un verdadero infierno. Muchos de nosotros hemos abandonado carreras, estudios y trabajo porque no podíamos seguir adelante.

Y, ahora volvamos al título que puede ser alarmista pero es verdad. Un hipotiroidismo sin tratamiento o con un mal tratamiento puede llevar a la muerte. Tardará años, pero llegará un momento en que alguna parte de nuestro cuerpo no responderá más. Esto es porque es una enfermedad que afecta a todas y cada una de las células.

Por el contrario, con un buen tratamiento se puede vivir con normalidad! Pero esto tampoco sucederá de la noche a la mañana en personas que venimos arrastrando malos cuidados médicos. Cuanto más tardemos en encontrar la dosis más tardaremos en recuperarnos!

En pocas palabras: A CUIDARSE!

Nódulo en la tiroides

Me acosté en la camilla y empecé a sentir como el ecógrafo recorría suavemente mi tiroides. Mientras ocurría eso, yo miraba el techo, ansiosa, casi con los dientes apretados, esperando salir de allí del mismo modo en que entré: sin novedades.

Recordaba que la última vez que me habían hecho el estudio había sido también en Buenos Aires, y de eso ya había pasado algo más de cuatro años. Cuatro años… mi tiroides tuvo tiempo de fabricar lo que quisiera durante todo ese tiempo… No hubo forma en España que entendieran la importancia de una ecografía de tiroides! Nunca me la hicieron. “¿Para qué? Si no es necesario” Me respondían una y otra vez en la Seguridad Social y en las clínicas privadas. Todo se limitaba a una simple palpación

Mientras siento el gel en mi cuello, la médica empuja un poco insistiendo en el mismo lugar. Y sin dejar de mirar la pantalla me dice: “Acá tenés un nódulo“. “¿Un nódulo?!” dije yo.  Sentí como si la camilla hubiera desaparecido y me hubiese desplomado sobre el suelo. “¿Un nódulo?. Y, ¿es muy grande?”, pregunté. “No llega al centímetro”.

Cuando me levanté y mientras me limpiaba el gel con un trozo de papel, sentí que el alma se me había ido del cuerpo. Inmediatamente, y sin rodeos, le pregunté: “¿Puede ser cáncer?”. Me miró con cierta compasión y me dijo que no podía responderme eso, pero que por las características del nódulo no hacia sospechar nada malo. Que hablase con mi endocrino que ella me diría los pasos a seguir. Le agradecí y salí de allí como una zombi.

Afuera estaba esperándome David, mi marido. Lo abracé muy fuerte y empecé a llorar. Era el 25 de abril, día de su cumpleaños y, aunque a mi me encanta celebrar, ese día no pudimos hacerlo.

Un tiempo de “curación”

Necesitaba este tiempo de silencio, el primero y el segundo. He logrado olvidarme de la enfermedad durante meses. Por eso necesitaba distanciarme de todo lo que estuviera relacionado con el hipotiroidismo. Siento haberme ido teniendo cientos de comentarios esperando respuesta, pero sé que entenderán que este silencio, esta distancia también “cura”. A mi me “curó” de muchos tics que te deja la enfermedad, de muchos miedos y neuras que quedan pegados a ti como una cáscara, por eso los crees propios, pero no son tuyos, no forman parte de ti, de lo que eres, de tu identidad, sino de lo que has arrastrado durante años, de lo que has sufrido y sobre todo de un pensamiento que crees verdadero: “Esto no va a cambiar”. Pero CAMBIA, te aseguro que cambia!
Felicidades a todos y a todas!!!!

Se puede seguir adelante!

Hola a todas y a todos! Sí, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí en este blog. La vida me ha llevado por distintos países y ciudades, armando y desarmando casas y la verdad, me fue imposible sentarme con tranquilidad frente al ordenador como hoy.

Son tantos los e-mails y comentarios… Otra vez muchas gracias por tomarse el tiempo para contar vuestra experiencia. Este es el único objetivo: compartir, no quedarnos con los miedos en silencio.

Perdonen que me ponga meláncolica pero hoy recordaba, después de haber leído y contestado a muchos de vosotros, qué me había impulsado a escribir este blog. Eso ya fue hace bastante tiempo… Tenía muchos, muchos síntomas, pero había uno en particular sobre el que nadie, ningún médico, o foro sobre hipotiroidismo me daban respuesta. Ese síntoma, del cual he hablado en varias oportunidades, yo lo llamé “Descompresión de Tiroxina”. Después de mucho preguntar a médicos (de distintos países como Irlanda, España y Argentina) la única respuesta eran más y más estudios entre los que incluían marcadores tumorales. Lo cual, claro, no hacían más que agudizar mi angustia y acrecentar mi sospecha sobre la posibilidad (a mis ojos cada vez más palpable) de tener una enfermedad muy grave. Fueron muchas las noches que sentí en mi cuerpo y en mi alma que el cáncer (del tipo que fuera, sólo bastaba descubrilo) me estaba matando.

Entonces abrí este diario con la intención de encontrar respuestas en la experiencia de otras personas. Jamás olvidaré cuando alguien me comentó que sí, efectivamente, tenía los mismo síntomas de la “Descompresión de Tiroxina”. No estaba sola. No estaba loca, ni me imaginaba cosas y no me estaba muriendo. Empecé a escribir listas sobre mis síntomas para entenderlos, para ver cuándo y cómo aparecían. Escribía y leía, en eso se convirtió mi hipotiroidismo en observar, escribir y leer.

Gracias a vosotros y vosotras por estar ahí. Y gracias a mi marido, quien es la razón de mi vida.

Os invito a seguir contando qué nos pasa con nuestro hipotiroidismo.

Abrazos y besos!!!!

Otra vez en contacto!

Después de un largo año sin palabras, estoy aquí, viva y feliz de volver a reencontrarme con vosotros.

Ya me pondré en marcha y os contaré cómo hemos convivido mi hipotiroidismo y yo durante todos estos meses.

Hoy simplemente quiero pedir disculpas a todos y a todas por haberme ausentado por tan largo tiempo. Las razones fueron muchas, ya les hablaré de ellas, eso sí, quien no ha tenido la culpa ha sido mi salud, que después de muchos años me ha regalado un tregua.

Muchas gracias a los cientos de comentarios que me habéis dejado. Poco a poco los iré respondiendo.

Otra vez aquí! Otra vez juntos, para darnos ánimo y coraje a la hora de vivir con hipotiroidismo!

Abrazos a todos y  a todas!!!

Emma

Otra vez estoy despierta

Voy a ser breve, es tarde… Pero sólo quería decir que estoy contenta. Me he puesto a trabajar y  me han venido miles de ideas a la cabeza, naturalmente, sin forzarme. Me encanta trabajar de noche, con la ventana abierta… el silencio me permite pensar con claridad. Se lo comento a mi marido y él sonriendo me responde: “No es el silencio de la noche, es que estás despierta”. Lo miré y me quedé pensando… Despierta… Es verdad. Y entonces le pregunto: “¿Y cómo era antes?”. “Antes tenías los bajones, estabas cansada, necesitabas estar en la cama. Y sobre todo estabas como embotada. Ahora estás más ágil… Estas despierta”

Me quedo con eso. Y ustedes también, no pierdan la fuerza!

Buenas noches.

Receta para combatir el estreñimiento

Ya hace más de una semana que empecé con cambios en mi dieta. Sí, sinceramente, después de ver la relación del aumento de estrógeno con mis problemas hormonales, que no se limita el hipotiroidismo sino que tengo que sumar, entre otros, un pólipo endometrial (del que me operaron hace unos veinte días), me propuse realidad unos cambios importantes, sí de esos que, a personas como yo, adictas al dulce, parece una cosa imposible de realizar. Pues no, no resulta difícil, lo cual me alegra porque eso supone más y más salud sin sacrificios,

Pues bien, además de sentirme menos hinchada, tener más energía todo el día, y menos hambre, voy de cuerpo cada día… SÍ, CADA DÍA. Para quienes el hipotiroidismo les trajo como compañero (entre muchas otras cosas) el estreñimiento me entenderán. Vuelvo a repetir: CADA DÍA, sencillamente porque hace unos días atrás me parecía impensable vivir sin supositorio.

¿Cómo? Muy fácil. Además de tomar más agua (todavía no he podido superar el litro, la idea es llegar por lo menos al litro y medio); como por lo menos dos o tres frutas al día; dejé completamente el azúcar y toda la bolletería (curiosamente no me ha dado ganas de comer algo dulce, y pensar que mataba por un trozo de chocolote. Lo único que sí pruebo es dulce de membrillo, muy poco, en pan); y cambié la harina blanca, el arroz y los fideos por integrales; agregué un poco de legumbres en la semana y más verduras… Eso sí el secreto básico y más importante es el pan moreno que hace mi marido. Ahí va la receta:

Ingredientes:

500 gramos de harina integral; 4 cucharadas soperas de semillas (girasol, calabaza, lino); 2 cucharadas sopera de germen de trigo; 25 gm de levadura de cerveza; 1 cucharadita de café al ras de sal;  5 cucharadas soperas de aceite de oliva; agua.

Proceso:

Poner en un bol la harina, la sal, las semillas, y el germen de trigo. Luego diluir en un recipiente aparte la levadura en agua tibia. Cuando está disuelta se le añade a la mezcla anterior. Amasar con una cuchara de madera mientras añadimos el agua que necesite hasta formar una masa homogénea. Luego se le añade el aceite y se empieza a amasar con las manos unos dos minutos. Se tiene que amasar con fuerza. Una vez amasado se lo deja en el bol y se lo tapa con un trapo un poco húmedo y ponerlo en un lugar cálido (se puede encender el horno y dejar el bol sobre las hornallas). Esperar 25 minutos. Luego se lo coloca sobre papel para hornear sobre la plancha del horno y se cuece a fuego a 250 grados.

…..

El martes me toca analítica y el día 3 endocrina, voy a ver cómo anda todo y si el cambio de dieta afecto en algo a la TSH, ya veremos…

Hipotiroidismo y el exceso de estrógenos

Me quedé realmente sorprendida al leer el siguiente artículo ” Equilibra tus hormonas y disfruta de ser mujer” de la nutricionista Cala Cervera, de quien ya nos habló nuestra compañera Dulce María.

Mi sorpresa fue al verme reflejada en 11 de los 16 puntos marcados en la siguiente lista:

El exceso de estrógenos produce:

  • Síndrome premenstrual
  • Depresión
  • Falta de deseo sexual
  • Desequilibrios de la glucosa
  • Necesidad de comer carbohidratos y dulces
  • Menstruaciones fuertes o irregulares
  • Pechos fibroquísticos
  • Hinchazón de pechos
  • Fibromas
  • Cáncer de pecho
  • Cáncer de endometrio
  • Vaginitis
  • Retención de agua
  • Aumento de peso
  • Hipotiroidismo
  • Osteoporosis

El artículo de es breve pero muy claro y preciso. Si tienen tiempo, por favor, leeánlo, es muy importante.

Aquí va el enlace:

http://www.holistika.net/salud/mujer_y_salud/equilibra_tus_hormonas_y_disfruta_de_ser_mujer.asp

¿Qué nos hace BIEN?!

Hoy uno de nuestros compañeros, Carlos, dejó un mensaje con una idea: hacer una lista de las cosas que nos hacen bien, que nos ayudan a mejorar, a recuperarnos, a aliviar nuestros síntomas, en definitiva, a tener una mejor calidad de vida, una realidad que es posible con esta enfermedad.

Pues bien, ahí van las sugerencias de Carlos, las mías, las de ustedes…

Y a seguir completando la lista para ayudarnos entre todos y todas!

LISTA DE LAS COSAS QUE NOS HACEN BIEN:

1) Agua salada (mar)

2) Hípica;

3) Ejercicios de relajación y respiración (así nos recuperamos de los bajones bruscos de tiroxina, y también ayuda en la disminución del zumbido que sentimos en los oídos );

4) Tomar la medicación dos horas antes de desayunar (de esta manera nos aseguramos una completa absorción de la tiroxina);

5) No comer fruta ni cereales durante la mañana (porque limita la correcta absorción de la tiroxina);

6) Dormir bien;

7) Caminar, trotar, nadar…

8 )  Ajo deshidratado (un comprimido a la noche ayuda a los dolores en las articulaciones);

9) Levadura (dos comprimidos al mediodía y a la noche recupera la calidad del pelo y evita su caída);

Hipotiroidismo subclínico

Todos los que sufrimos esta enfermedad sabemos que el hipotiroidismo funciona de acuerdo a un proceso evolutivo. Un proceso que por otra parte tiene estaciones, momentos en que estamos mejor, momentos en estamos peor, momentos que estamos estables… Siempre se me aparece en mi mente la vía de un tren estrecha y larga. Yo me encuentro sentada en un vagón en movimiento, la mayor parte del tiempo, esperando que el tren no entré ni un túnel ni se detenga en lugares inhóspitos, menos que se descarrile, simplemente que avance mientras disfruto del sol que entra por la ventana. ¿Hacia dónde voy? A ningún lugar en particular sino a un estado: sentirme mejor, un poco mejor cada vez.

La primera estación de esta enfermedad se llama Hipotiroidismo Subclínico, y se llama así porque la enfermedad, que sí la notamos en nuestro cuerpo a través de síntomas, en sangre todavía no se evidencia con claridad. Es como un pequeño susurro, a veces apenas perceptible, pero que con el tiempo se convertirá en un grito brutal. Por eso es tan importante empezar a tratarlo en ese momento cuando todavía las células no están tan maltrechas.

En este enlace que les dejo se lo define así: “una persona con Hipotiroidismo Subclínico es una persona hipotiroidea, con TSH elevada y síntomas de Hipotiroidismo y con una cifra de tiroxina normal en sangre

http://www.tiroides.net/hipotiroidismo_evidente_y_subclinico.html

Mis queridos kilos…

La semana pasada fui al médico por unas recetas y ya que tenía tiempo (cosa rara en él) me dijo que me tomaría la presión y me pesaría. La presión normal, ahora lo de la balanza fue otra cosa… 65 kg.  A ver, no me voy a engañar, ya sabía por la ropa que no había bajado mucho… pero eso de volver a subir… Estoy cansada.

Mi techo fue de 67 kg, y me puse muy contenta cuando el año pasado había bajado a 63 kg. Recuerdo que pensé, “Bueno, ahora es cuestión de recuperar poco a poco mi peso, tampoco aspiro a mis 55 de toda la “otra” vida, pero al menos llegar a unos 58, no?”. Ilusa yo!

Sin duda tendré que esperar más tiempo a que el cuerpo se regule. Eso sí, me comprometo a hacer más ejercicio… Confieso que es mi punto débil.

Lo bueno de todo ésto es que cuando uno empieza a quejarse del peso es que está mejor… porque cuando te duele tanto el cuerpo y te duermes por los rincones, o apenas puedes levantarte del sillón, o recordar que hiciste ayer…¿quién se acuerda del peso?

Otra vez de pie!

Ayer me sorprendí al sentir lo erguida que volvía a caminar. Sí, son de esos detalles que uno va olvidando con esta enfermedad que se come la memoria casi sin darnos cuenta.

Era tarde y volvía de comprar en un supermercado bastante lejos de casa. El peso de las bolsas no me molestaba, no tenía la necesidad de ir despacio o de descansar en algún rellano, o al borde de la acera. (Fueron muchas las veces que me sentí obligada a sentarme al borde de la acera porque el agotamiento o el dolor no me dejaban avanzar). Esta vez era diferente, muy diferente. Caminaba de prisa, liviana, no tenía que arrastrar mi cuerpo, ni esforzarme para respirar. Fue en ese momento que me di cuenta que volvía a caminar erguida, como antes, como era yo realmente. Me sentí feliz, muy feliz.

Hasta entonces no me había percatado de la caída de los hombros y de mi posición de todo el cuerpo hacia abajo, cansado, lastimado, haciendo un esfuerzo antinatural para poder caminar. Y pensé: “Dios mío, hasta dónde puede llegar esta enfermedad… Todo lo que cambia en nuestras vidas…” Cambios tan paulatinos que apenas nos damos cuenta, simplemente los incorporamos como algo más.

Hoy volví a caminar erguida como antes. Y estoy feliz.

El periplo de las analíticas

A veces resulta tan dificil y laborioso encontrar un buen médico que cuando éso sucede llegamos a hacer una y mil cosas para conservarlo.

Eso me sucedió a mí cuando conocí a Susanna, una médica generalista en un pueblecito irlandés. Una mujer joven, de aspecto fragil, que hablaba despacio y pausadamente, mientras intentaba balbucear alguna palabra en español sin mucho éxito.

Para ser sincera, al principio fui yo quién no se la tomó muy en serio. Venía cansada y desconfiada de tantos malos tratamientos anteriores que la escuché con desgano y aún con más desgano cuando me dijo que tenía que verla cada mes. Era tal mi desconfianza y mi falta de ánimo que apenas me vio me dijo que tenía que bajar la dosis y yo le respondí que no, que me estaba sintiendo un poco mejor. Por entonces estaba tomando 150 mg por día.No me dijo nada.

Una semana después volví desesperada a su consulta, los síntomas de hipertiroidismo no me dejaban dormir,  el corazón me iba a mil y estaba tan acelerada que no me soportaba dentro de mi cuerpo. Ese día Susanna me bajó la dosis y empezamos un control mensual de analíticas. De esta manera paulatina fue reduciendo la cantidad de Levotiroxina hasta llegar a la dosis actual: 100 mg cinco veces a la semana, 125 mg los otros dos.

El problema fue cuando a finales de 2008 abandonamos a Irlanda para volver a España. La historia cambio radicalmente. Primero tenía que esperar unos nueve meses antes que la Seguridad Social me diese cita con un endocrino; en la medicina privada, el único que había en la zona se limitó a pesarme mientras me aseguraba que todo esos síntomas que yo tenía no guardaban relación con la tiroides. Así que con este panorama me tenía que arreglar con el médico de cabecera que no podía leer mis estudios hechos en Irlanda porque no sabía nada de inglés. En fin…  Le escribí a Susanna comentándole la situación y quedamos que yo me haría las analíticas en España y se las enviaría por e-mail. Así sucedió durante varios meses. Pedía una orden de análisis en cualquier oportunidad que tenía: ginecólogo, médico de cabecera, dermatólogo… y lo sigo haciendo. Esta es la única posibilidad que dá una Seguridad Pública que sólo permite ver a un endocrino cada seis meses.

HUYAN DE LOS MÉDICOS QUE CAMBIAN BRUSCAMENTE LA DOSIS!

Lamentablemente, además de lidiar con la enfermedad nos toca lidiar con los médicos, o mejor dicho con la inoperancia de muchos de ellos. Si algo nos tiene que enseñar el hecho de vernos obligados y obligadas a entrar y salir de las consultas es saber qué nos va bien y qué no. Y si algo me ha enseñado todos estos años de idas y venidas con esta enfermedad es que la dosis se debe modificar de manera suave y paulatina. Lo cual supone decir, de manera categórica NO A LOS CAMBIOS BRUSCOS DE LEVOTIROXINA, aunque eso suponga, por enésima vez, cambiar de profesional.

Recuerdo hace unos meses cuando fui al médico a buscar los resultados de los análisis de control que me hago cada dos meses. (En aquel entonces todavía estábamos ajustando la dosis). Veo que en lugar de mi médico de siempre estaba un sustituto, muy joven. Miró los análisis y me dijo: “Esto no está bien. Hay que bajar todo a 100 mg, y después ya subiremos…”. Ese “después ya subiremos” me sonó como una bomba! (En ese momento yo  tomaba cuatro días a la semana 125 mg, y el resto 100 mg). Lo miré con enojo y con cansancio pero preferí no contestarle porque sabía que era inútil,  simplemente me levanté de allí con una frustración que ya conocía y con la certeza que lo ignoraría. Ese mismo día envíe los resultados de los análisis a mi médica en Irlanda, y fue ella quien me siguió dirigiendo hasta que volvió mi médico español. Total, la dosis se fue bajando lentamente, en ese momento se cambio un solo día de 125 mg a 100 mg, dos meses más tarde se hizo lo mismo, hasta quedar como hoy: dos días a 125 mg, cinco días a 100 mg.

Si le hubiese hecho caso a ese médico (como ya me ha ocurrido en otros), hubiésemos vuelto a empezar. Lo cual supondría alargar el proceso que me permita encontrar la dosis que necesito, y así lograr una verdadera mejoría, todo ésto sumado a un aumento de la cantidad y la intensidad de los síntomas. Esto lo sé porque ya lo he vivido, y no una vez, sino varias.

Insisto, el hipotiroidismo es como un mecanismo de relojería, hay que tratarlo con mucho cuidado. Por eso cuando leo en algunos comentarios que les han subido la dosis de 100 a 150 mg en un mes, incluso en semanas, me duele. Me duele porque sé que de esta manera la luz al final del túnel se aleja. Por favor, si se encuentran con ignorantes e incompetentes (simplemente por tratarlos con educación) a quienes les resulta muy fácil subir y bajar dosis en tiempos record huyan… HUYAN LO MÁS RÁPIDO QUE PUEDAN!

Ayyy, mi querido cuerpo…

Hoy ha sido un día complicado. Podría resumirlo diciendo que hacia bastante tiempo que no me dolía tanto el cuerpo.  Sí, hoy puedo notar casi todas las articulaciones, incluso aquellas  que ni recordaba que existian como las relacionadas con el esternón y las costillas.

Me levanté tarde. No estaba cansada pero tenía esa necesidad de estar calentita en la cama, sin moverme. El día estaba bonito, así que antes de comer decidimos con mi marido ir a caminar. (A modo de paréntesis, debo añadir que estoy intentando caminar cada día, ahora que ya me siento mucho mejor. Porque, además, aunque el colesterol está más bajo, todavía está allí molestando). La cuestión es que nos fuimos a caminar, yo no me sentía cansada sino adolorida, me dolía todo, hasta el pelo. Pero sobre todo  los codos y las rodillas. Además de una suerte de neuralgia en una de las piernas. Le pedí a mi marido que fuéramos despacio porque no me encontraba bien. Así que bueno, fuimos despacio, aprovechando cada banco para sentarme un ratito. De vuelta a casa, dejé todo lo que tenía que hacer para mañana, no tenía fuerzas ni para levantar un papel.

Y aquí estoy,  escribiendo desde la cama.

Mañana será otro día, y seguramente será mejor, no?

Síndrome del túnel carpiano

¿Cuánto tiempo estuve sin poder abrir una botella de rosca? No lo recuerdo bien, posiblemente unos cuatro meses. Sin embargo, éste es uno de los síntomas que parece y desaparece aún hoy, claro, no con la misma intensidad de aquellos meses.

Recuerdo que en un primer momento no entendía qué me estaba pasando, quería abrir una botella de Coca Cola y no podía. No sentía dolor en la muñeca sino la imposibilidad de ejercer cualquier fuerza, ni siquiera la más mínima. Pasaron los días y pude percibir que me costaba mucho sujetar algo con seguridad en las manos. Incluso muchas veces temblaban después de sostener una pequeña cosa, como si hubiese hecho un terrible esfuerzo. A veces el temblor aparecía sin más. Sentía las manos hinchadas pero no las veía así.

Era el hipotiroidismo quien me generaba esta dolencia porque se inflamaba la articulación de las muñecas. Y quienes padecemos esta enfermedad sabemos perfectamente que también se inflaman el resto de las articulaciones del cuerpo generándonos mucho dolor e inestabilidad.

Otra vez mi TSH está normal!

Hoy recibí los resultados de los análisis. Después de varios meses de un riguroso control, la TSH vuelve a estar normal. El número exacto es: 0.712 (los parámetros son: 0320 / 4.970)

Estoy contenta y expectante al mismo tiempo. En realidad quiero tomármelo con calma… No es la primera vez que tengo los marcadores normales. Tengo que esperar  y controlarme dentro de un par de meses para ver si no hay cambios.  Si todo sigue igual, dentro de algunos meses podré decir que estoy en la dosis.

¿Los síntomas? Menos y con menor intensidad, pero todavía alguno de ellos me siguen acompañando. Por ejemplo, a veces aparece el cansancio, los dolores en las articulaciones, los “bajones” de tiroxina, el zumbido en los oídos, el sobrepeso, incluso la alergia alrededor de los ojos. Pero, eso sí, pueden pasar muchos días sin que recuerde la enfermedad, lo cual para mí ya es como un milagro.

¿Encontrar la dosis es recuperarse totalmente? No lo sé, habrá que esperar, pero les iré contando qué pasa.

La respiración y la relajación son claves en el hipotiroidismo

Son muchos los síntomas del hipotiroidismo que con la relajación y la respiración tranquila desaparecen o se alivian. Ejemplo de ello son: las rampas en las piernas, los hormigueos en la cara, la sensación de mareo, los zumbidos en los oídos, la sensación de nerviosismo en todo el cuerpo, y lo que yo llamo la “descompresión de tiroxina” (para mí uno de los peores síntomas porque puede llevar a la pérdida de conocimiento), incluso el dolor articular disminuye.

Hay que tener en cuenta que la ansiedad y el estrés afectan directamente al metabolismo del cuerpo. Y un cuerpo que ha perdido la capacidad natural de regular bien parte de sus hormonas lo sufre aún más. Muchos de ustedes han contado cómo aumentan los síntomas del hipotiroidismo o cómo un hipotiroidismo controlado con una dosis justa se descontrola y obliga a un nuevo ajuste de la dosis, todo ello por haber pasado por una situación traumática (buena o mala) como una mudanza, un viaje, un cambio de trabajo, o el nacimiento de un hijo. Yo misma lo he sentido cada vez que me cambiado de país o en otras situaciones estresantes. Incluso la incertidumbre y el desconocimiento de la misma enfermedad, el ir a tantos médicos que nos miran como histéricas o histéricos nos lleva a aumentar más y más la ansiedad.

Por eso es fundamental antes que nada, entender que el hipotiroidismo afecta a todas y cada una de las células del cuerpo y, como consecuencia de ello, los síntomas pueden ser muchos y complejos. Comprender que, si después de hacer pruebas, los síntomas siguen allí, y los médicos insisten que no tenemos nada, es muy probable que “sólo” se trate de nuestro hipotiroidismo. En este sentido es muy importante conocerse, escucharse y saber cómo y cuándo aparecen los síntomas. Ésto nos ayudará a poner las cosas en su sitio; en otras palabras, a no caer presas o presos de un pánico por temor a tener una enfermedad oculta y grave que nos matará.

Aprender a controlar la ansiedad es entonces algo sustancial para ayudar al metabolismo del cuerpo. Y no es una tarea fácil. Yo he sufrido ataques de pánico y sé perfectamente que no es nada sencillo, pero es importante intentarlo porque ayuda y mucho.

Una técnica muy simple es estando acostados o sentados cómodamente empezamos a dejar “caer” cada uno de los músculos del cuerpo, empezando por la cabeza hasta llegar a los pies. Verán de qué manera “sostenemos ” músculos inútilmente lo cual nos supone un gasto de energía innecesario. Dejémoslos caer, una y otra vez, mientras respiramos profunda y lentamente con el abdomen. No pensemos en nada más que en la respiración y en dejar caer los músculos. A veces resulta difícil “parar” la mente, restar o sumar números en nuestra cabeza ayuda mucho. Por ejemplo: 3 + 26 +5 -14 + 2 ….  Esto es muy sencillo y útil para quienes, como yo, no saben de yoga u otros medios de relajación. El yoga o el taichi son excelentes opciones para cuando nos encontremos con fuerza y con tiempo para empezar.

Alergia en la cara

Debajo de los ojos, justo al final de ellos, tengo una pequeña urticaria, una suerte de eczema en forma irregular que aparece y desaparece, se agrada o se achica según mi estado de la tiroides.  Increíble pero cierto.

Para entender ésto tengo que hacer un poco de historia.

Cuando me diagnosticaron hipotiroidismo, me recetaron Eutirox – ahora no recuerdo la primera dosis, pero era muy baja-, y me dijeron que podía tomarlo en cualquier momento del día y que volviese en seis meses.  Así lo hice, sin embargo, fue pasando el tiempo y cada vez me encontraba peor. La única respuesta de la endocrinóloga era subir la dosis cada vez que iba a verla (que siendo la seguridad pública en España, sólo era dos veces al año)… Una verdadera locura…

Después de pasar casi tres años en esta misma situación, viajé a Buenos Aires con mi marido. No me encontraba bien, pero confiaba en estar haciendo lo correcto, después de todo estaba controlada (o eso era lo que yo creía).

La “explosión” ocurrió después de una cena en un restaurante mexicano. A la mañana siguiente amanecí con todo el cuerpo hinchado y lleno de urticaria, pero sobre todo el rostro, estaba tan inflamado y enrojecido que parecía que me iba a estallar. Fiebre, diarrea, dolores musculares, mareos… son algunos de los síntomas que aparecieron con el paso de los días. Fue entonces cuando empezó mi largo peregrinar por consultorios médicos, hasta que dieron con mi analítica de tiroides: la tiroxina era inexistente en mi cuerpo y, al parecer, desde hacia bastante tiempo. Una situación muy complicada y grave si hubiese permanecido así.

¿Avisos? Tuve avisos antes de este episodio, pero les resté importancia. Repito: Yo creía que estaba bien controlada, pero evidentemente no era así. Fue entonces cuando aprendí que es INDISPENSABLE tomar la medicación en ayunas y esperar por lo menos dos horas antes de comer algo. No importa lo que digan algunos endocrinólogos sin conocimiento y sin ética.

Con el paso de las semanas la inflamación del cuerpo bajó, pero no la de la cara, pasaron varios meses hasta que comencé a normalizarme, incluso donde había estado la urticaria roja y escamosa me quedaba una mancha oscura. Sin embargo la rojez nunca llegó a desaparecer del todo, todavía, aún hoy, después de tres años, salen  algunas ronchas, poquitas y pequeñas, debajo de los ojos SÓLO cuando no va muy bien la tiroxina. Curioso o no es otro de esos signos que ponen sobre aviso cuando el hipotiroidismo no está bien regulado. Como con las cejas… pero ese es otro tema.

Bajón y dolor de garganta

Son casi las siete de la tarde. En este momento comienzo a tener lo que llamo un “bajón de tiroxina”. Se me cierran los ojos. Me duele la cabeza, los ojos y la garganta. Es curioso el dolor de garganta, a veces aparece cuando tengo un bajón o el agotamiento típico del hipotiroidismo. Al principio creía que se trataba de un posible resfriado con anginas y usaba algún medicamento, pero luego me di cuenta que no tiene que ver con eso sino con esta enfermedad. Aparece y después de unas cuantas horas se va.

Tengo náuseas. Me cuesta concentrarme. No escribo bien, confundo las letras en el teclado. Me cuesta respirar, o mejor dicho, respiro lento, muy lento. Tengo sueño. Quiero ir a la cama pero estoy esperando a que pase porque tengo que terminar un trabajo. Ya es tarde. Me voy a recostar sobre la silla y cerraré los ojos un rato mientras dejo “caer” todos los músculos. Ésto siempre funciona. Ahora vuelvo.

Dormir, dormir, dormir…

¿Cuántas horas podemos llegar a dormir?… Es tal el cansancio que es mucho más fácil preguntarse: ¿Cuántas horas nos mantenemos despiertas?…

En mis peores momentos, cuando mi tiroides estaba mal tratada y yo me encontraba cada vez más enferma, recuerdo que dormía unas 14 horas mínimo, sólo durante la noche, porque después de comer tenía que volver a la cama, no me sostenía en pie, y mi siesta duraba por lo menos tres horas. Fue una muy mala época, bastaba apoyarme en una pared para que el sueño se apoderase de mí, podía sentir como mis párpados caían pesadamente y el cuerpo se dejaba abandonar volviéndose ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Recuerdo un vez que estaba haciendo la cama cuando me quedé completamente dormida encorvada y con sólo la cabeza apoyada sobre el colchón.

En ese momento apenas sabía algo sobre esta enfermedad y simplemente creí que me estaba volviendo una “gorda ociosa”, una “vaga” como algunos me decían. Atrás quedaba quién había sido por más de treinta años, una persona inquieta, curiosa, divertida y activa, dispuesta siempre a empezar algo nuevo, incluso a tomar un avión sin más equipaje que una maleta y empezar sola una nueva vida en otro continente. Todo lo que yo era había desaparecido.

El proceso de la enfermedad es lento, muy lento, tal vez por eso fui  incorporando esa apatía y ese terrible cansancio como algo propio y no como una circunstancia externa que no había buscado y que en realidad no me definía como persona.

El cansancio es uno de los síntomas más comunes de esta enfermedad. Hay que recordar que todas las células se ven afectadas, entre ellas las musculares.

“En el hipotiroidismo la célula muscular, la fibra muscular trabaja mal. Algo pasa allí, faltan las hormonas tiroideas que son necesarias para el metabolismo de la célula muscular, como son necesarias para las células de todo el organismo. Al músculo le falta algo, no puede tomar normalmente su alimento de la sangre, o no es capaz de asimilarlo, o de utilizarlo. Trabaja mal y es un músculo débil, con una respuesta débil y con una capacidad de recuperación lenta. Es un músculo con una contracción lenta y es un músculo que “se cansa” con muy poco esfuerzo. Es un cansancio anormal, un cansancio patológico. Y eso pasa en la célula muscular y en la fibra muscular y por lo tanto en el músculo en su conjunto en todos los músculos.

Ese es el primer problema, el problema inicial, pero ahora los problemas empiezan a acumularse. Ya hemos comentado anteriormente, que, sin que sepamos bien por qué, en el hipotiroidismo tiende a depositarse esa sustancia mucoide o mixoide, que en la piel constituye el mixedema, infiltrando los haces musculares. Está histológicamente demostrado. Es un músculo infiltrado de algo así como grasa, es un músculo anormal. En esas circunstancias probablemente se dificulta la circulación y el buen riego sanguíneo del músculo a nivel celular. Y si había problemas de nutrición y de oxigenación, esto los complica.” http://www.tiroides.net/cansancio.html


Cuando los médicos no curan

Recuerdo una película, donde trabajaba William Hurt, titulada: “El doctor”. Se trataba de un médico con un puesto importante dentro de un hospital, con un carácter puramente racional, muy prepotente, al que poco le importaba la sensibilidad del paciente. Un día le diagnostican cáncer de laringe y toda su perspectiva cambia. De pronto, le toca sufrir, en primera persona, todos los avatares  de un enfermo, que no se resume en la enfermedad, como sabemos, sino que encierra el problema de enfrentarse con todo un sistema médico: colas interminables, esperas de turnos que no llegan, cambios de horas, malas explicaciones, estudios innecesarios, contestaciones fuera de tono, etcétera, etcétera, etcétera…

Cada vez que tengo delante mío el mismo o la misma inútil con delantal blanco respondiéndome con ligereza que, en realidad, yo no tengo nada, que debe ser la nostalgia por estar fuera de mi país, o posiblemente algún trastorno psicológico, porque la tiroides no puede dar esos síntomas; y, rápidamente, me extiende una receta de Eutirox  donde puedo ver que ha bajado o subido  mi dosis más del doble, así, sin más; y, con un gesto de estar viendo a una histérica – o sea a mí-, me muestra la puerta de salida… Recuerdo a William Hurt…

Recuerdo a William Hurt cuando me hacen ecografías, electros, pruebas para hepatitis, alergias e infecciones, incluso el SIDA, Lupus, marcadores tumorales… Cuando me deriban al psicólogo y al psiquiatra y me recetan ansióliticos y antidepresivos… Cuando todas las pruebas salen bien y me niego a seguir visitando al psicólogo y tomando las medicaciones psiquiátricas porque no me sirven para nada… En esos momento recuerdo a William Hurt….

No importa dónde -he consultado médicos en Irlanda, España y Argentina-; no importa el sexo ni la edad; a veces creo que la máxima que tanto nos repetía una profesora de anatomía en la Universidad de Medicina -dónde sólo puede asistir dos años- es tan triste como real: “NO EXISTEN MALES MÉDICOS, EXISTEN MALAS PERSONAS”.

Por suerte, hay algunas excepciones…

Cuando te quedas en blanco

Hoy recordaba una clase de alemán, la primera y la última que tomé. Estábamos, mi marido y yo, varados en Buenos Aires cuando decidimos apuntarnos al Goethe Institut, yo por aburrimiento, él porque es un apasionado de los idiomas. Las vacaciones se habían vuelto una pesadilla, una especie de espiral donde sólo veíamos médicos y más médicos, sin ninguna respuesta clara…

Con la cara hinchada por una explosión alérgica -que más tarde resultó ser una de las primeras señales de un hipotiroidismo agudo- y el cuerpo empujado por el poco aliento que tenía llegué a la clase. Me acomodé en un rincón y me presenté. Éramos unos diez alumnos en total. Tomé aliento e intenté escuchar con la mayor atención posible, pero de pronto me di cuenta que las palabras de la profesora se quedaban afuera de mi cabeza. Y lo gracioso es que hablaba en castellano. Escuchaba el sonido pero por alguna razón no podía comprender con exactitud lo que decía. Me empecé a poner nerviosa. Sentía calor, mucho calor en todo el cuerpo. Lo peor vino cuando empezaron las primeras palabras en alemán, sencillas, muy sencillas como para un niño de prescolar. Nos hacía repetir en voz alta lo que había escrito en la pizarra. Para ese momento yo ya no veía muy bien las letras, llegaban a mí lejanas y borrosas. En realidad, percibía  el aula, y todo en ella, de manera extraña. Me sentí agotada y confusa. En ese momento repartió unas hojas de ejercicios para completar en parejas. No pude responder ni una sola de las preguntas. Cada vez que buscaba las palabras en mi mente no estaban, había como un vacío, un completo y profundo vacío. Simplemente no había nada allí. Podía ver el rostro sorprendido de la otra persona esperando una respuesta, al mismo tiempo que sentía mi esfuerzo inútil en buscarla. Sólo le devolvía silencio. Un silencio envuelto en angustia y vergüenza. No entendía porqué me estaba pasando eso.

No pude salir al descanso, estaba agotada. Me quedé sentada y en silencio, con mi marido a mi lado. La profesora se acercó para preguntarme qué estaba pasando. Le dije que estaba enferma pero que no sabía qué tenía.

Esa fue mi primera y última clase de alemán. Lamentablemente, no fue esa la única vez que me quedé en blanco, fueron muchas, demasiadas, al punto tal que tuve que dejar de trabajar. Incluso me di cuenta que había olvidado muchas cosas de mi pasado. Como si nunca hubieran sucedido. Eso lo noté con el tiempo y después de haber encontrado un buen tratamiento, entonces empecé a recuperar la concentración y también parte de mi memoria. Todavía estoy en ese proceso.

Cerca de la dosis…

Eso creo y espero! Hace ya un mes que me volvieron a bajar la dosis de Eutirox, ahora tomo 100 mg de lunes a viernes, y 125 mg sábado y domingo. La endocrino (que sólo veo dos veces al año gracias a la importancia que se le da a esta enfermedad en el sistema público español, lo cual me obliga recurrir al médico de cabecera, médicos privados e incluso mi endocrina irlandesa…) ha hecho un cambio muy suave y eso me tranquilizó. Y estoy mejor, mucho mejor. Los bajones sólo vienen, a veces, muy pocas, por la noche cuando ya es muy tarde y estoy cansada, o cuando tengo la regla. Pero son muy flojos y duran muy poco. Mi cara ahora no tiene alergias (ya escribiré sobre ello) y estoy más deshinchada. La verdad es que no me quiero ilusionar y me pase como tantas veces. Sí, sé que ésto es como un “subi – baja” pero cada vez estoy mejor y más regulada. Hay que tener mucha, mucha paciencia!

En febrero me tocan otros análisis, veremos qué pasa.